miércoles, 14 de septiembre de 2016

Consultas gratis

La semana pasada fue agotadora. Realmente, no hice nada porque a Mrs. Smith se le ocurrió largarse tres días sin explicación alguna y adivinen a quién pusieron en su lugar?

¡A MÍ!

Estaba hasta la madre por tener que sentarme once horas y media a contestar teléfonos cuando comenzó el drama de Miss Lucas y su Juan del Diablo, al que llamaremos Mr. Collins  de ahora en adelante porque no merece ser apodado como un personaje al que recordamos con afecto. 
Algo pasó, una pelea, reclamos, llamadas, etc. No sé pero de repente Miss Lucas estaba enloquecida. No sabía qué hacer, quería buscarlo y rogarle pero al mismo tiempo se sentía culpable por estar perdiendo la dignidad y vaya usted imaginándose la vorágine de angustia y desesperación que se desató. No les miento, Miss Lucas me hablaba tres veces al día, mínimo y la tarde del jueves, cuando estaba tranquila en mi casa a la hora de comer, decidí no contestar y escuché la música de entrada de Juego de Tronos sonar al menos seis veces hasta que mandé un mensaje diciendo que estaba manejando. Era demasiada intensidad. No sabe usted, mi querido lector, el trabajo que me costó convencerla de que no buscara al Sr. Collins, que otra vez la mandó al diablo, le gritó y reclamó, al menos un día. Sólo un día sin buscarlo. Miss Lucas estaba sufriendo como Santo Cristo... sí, por un pendejo. Creo que me pasé horas en el teléfono convenciéndola de que tenía que darle espacio para que él solito decidiera si se quedaba o se quería ir. Si ella le volvía a rogar iba a seguir tratándola con la punta del pie. No les miento, me habló dos veces hasta el sábado y domingo. Al final logré que se resistiera a buscarlo al menos unos días con argumentos que usaría en cualquier adicto. Un día a la vez, ya se imaginará usted.  Yo calculaba que el cuate resistiría al menos una semana, pero para mi sorpresa la llamó dos días después y el domingo regresó como supuse que lo haría, espantado porque ahora sí la vio decidida a mandarlo al diablo. 

Me cae de madres que yo debería ser terapeuta de parejas.

Al final, hasta pidió perdón porque si bien ella es muy celosa, admitió "haberle dado motivos". 

Desde que se reconciliaron regresó la paz. Sólo me habló para prometer que levantará un monumento a mi sabiduría.

Bien, creo que lo he logrado. Soy la Abuela Sauce. 

Si tiene usted problemas románticos o de parejas, sea bienvenido a dejar su consulta en los comentarios, se le responderá con la mayor celeridad. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario