lunes, 28 de noviembre de 2016

Más medicinas



Ni siquiera es la una y ya me deprimí... otra vez. La Dra. Pills está preocupada de nuevo y me mandó Wellbutrin, aparte del Luvox.


Veamos: "Wellbutrin SR 150 mg está indicado en el tratamiento de enfermedades depresivas. Después de haber obtenido una respuesta satisfactoria, la continuación de la terapia con Wellbutrin SR resulta eficaz para prevenir alguna recidiva o para evitar una recurrencia de episodios depresivos ulteriores." Se supone que también ayuda a dejar de fumar: ¡JA!






No sé que es lo peor, la repetición o la falta de esperanza, sólo es triste, un continuo pasar de los días sin propósito ni utilidad, una y otra vez. Es como el vacío. La semana pasada fue infernal. Me obligaron a pasar dos días de nueve a ocho, con una sola hora libre para comer, aprendiendo todo lo que supuestamente debo saber sobre la fabulosa nueva norma que regirá a este lugar de hoy en adelante. Fue eterno y agotador. En la noche tengo la cabeza tan llena de todo lo que escuché sin poder evitarlo a lo largo de todo el día que sólo quisiera poder caer inconsciente.






Se supone que la especial tristeza y desesperanza de la semana pasada era culpa de mis hormonas, ya saben, una de las múltiples desgracias del periodo menstrual pero no hay razón alguna para que siga tan evidentemente destruida, de ahí la preocupación de la Dra. Pills. Ya no me importa nada, en verdad nada, mucho menos la gente. Miss Lucas me insistió que fuéramos a comer desde el lunes y por más que me negué y supliqué me arrinconó. Ah, cómo me caga que me obliguen a hacer cosas que no quiero hacer. Accedí a ir a comer el sábado pero simplemente no me pude parar. No pude, no quise, me negué. Abracé mi almohada y me dediqué a ver tele hasta que fue inminente que tuviera que levantarme para socializar y ser persona. Al final cancelé de último momento.






No quiero hablar, simplemente no quiero hablar. Me paso todo el día fingiendo alegría y sociabilidad, no puedo hacerlo los fines de semana también es demasiado. Me gustaría que el mundo se callara, todo el mundo. ¿No sería maravilloso, un mundo en silencio? No estamos contando la música, por supuesto, me refiero a las quejas y el odio. Todo está lleno de odio y resentimiento. Estoy cansada. Ya ni siquiera es mental, también es físico. Tener que saludar, responder, poner atención, encontrar una respuesta para que la conversación fluya mientras que sólo quiero evadirme requiere energía que no tengo. Hasta he pensado pedirle ritalin a la Dra. Pills pero tampoco quiero seguir aficionándome a más medicamentos, ya tomo bastantes. ¿Saben qué sí necesito? A mis hijos, los únicos que tendré. Ya es muy tarde para que llegue a tener una familia propia y la idea de ser madre soltera, ya sea por acceso de ligereza imposible o inseminación artificial está fuera de la cuestión. Jamás podría mantener un niño, apenas si me alcanza para los cigarros y el psiquiatra. No me han contratado ni pagado desde septiembre. Ni modo. Tengo a mis hijos. Quiero abrazar a mis perros y no soltarlos. Hay algo increíblemente cálido y reconfortante en escuchar los latidos del corazón desbocados de alegría en sus pequeños cuerpos repletos de vida y felicidad.






Eso falta, alegría. ¿Cómo puedo hacerlos tan felices con sólo rascarles la pancita? Y el chaparrito se acurruca bajo mi barbilla mientras Mina se sienta sobre mí, como si fuera su cojín. Estoy llena de moretones cortesía de Fortunato y su completa incapacidad para comprender que no es un chihuahua sino un perrazo de treinta kilos. Son momento, pequeños momentos gracias al eterno cansancio y las dos horas libres que me quedan al día pero son lo único que hay en el mundo. Sin ellos no hay nada. Los abrazo y me aferro a ellos y espero que todo esté en silencio y las cosas estén bien, momentáneamente, porque nada está bien, nada, nunca está bien. La paz es terriblemente frágil, en cualquier momento mi mamá estalla y tengo que controlarla. A mí nadie me perdona nada. Mi hermana presume su vida licenciosa y sin embargo, yo soy la que tiene los peores defectos existentes. Bebo y fumo: Soy lo peor. ¿No cuenta mi incorruptible y enfermizo sentido de la moralidad? No, parece que no. No sé cuándo pasó, pero le guardo un rencor muy profundo por su rechazo, no es justo, no después de todo lo que he hecho por ella y sin embargo, yo soy "impresentable". A mí que me lleve el cuerno, realmente a nadie le importa lo que me pase. ¿Yo? A nadie le importa, afortunadamente ya lo digerí y asimilé. Es más, preferiría ahorrarme los "favores" o "gestos huecos de compromiso". ¿No estamos muy viejos todos para jugar a que de veras nos queremos?






Jane apareció con su novio y su bebé en mi casa el día de mi cumpleaños. La verdad es que tuve que hacer un gran esfuerzo porque ya me había preparado mi whisky sour de celebración y me quería ir a dormir. Digo, agradecí el pastel, serví los pedazos le di una cerveza al esposo humanos y fui lo más parlanchina que pude aunque de veras me quería dormir. ¿Le importa si me caigo en un pozo? No, entonces... ¿para qué seguir con el teatro?


Por otro lado, tengo la constante atención de Miss Lucas, cuya principal preocupación en la vida me es indiferente: su novio. Sé que está sufriendo pero no encuentro forma de entender el por qué una mujer, la que sea, soportaría el abuso verbal y psicológico de un hombre que no le tiene la menor consideración o respeto. Puede darle vueltas y vueltas como si fuera madeja de estambre y yo sigo viendo lo mismo: Pérdida de tiempo, error. Tampoco tengo interés en que estén junto o no, la verdad me da igual. Lejos quedaron aquellos tiempos en que le dejé un milagrito a San Antonio cuando Fanny comenzó su romance con el Suéter Twin o cuando pasé horas tranquilizando a Jane después de su primera cita con Mr. Bingley I. Supongo que era era joven. Justo ahora las únicas parejas que me importa que sean felices con Arya y Gendry o Sansa y Tyrion, pero como sé que eso no pasará lo mejor que puedo hacer es leer algo que me tenga distraída. Un jovencito trabajador en nuestra librería de confianza me recomendó un libro mitad horror y mitad suspenso con sus chispazos sobrenaturales que al final resultó muy bueno, sólo hubo un pequeño respingo de desagrado cuando la protagonista es rechazada por el salvaje de su predilección y se dedica a manipular los poderes mágicos del bosque para vengarse de los habitantes perversos de la colonia. Oh, bueno, no estuvo mal. Para finales felices está Jane Austen y recordemos que si los escribió es porque nunca tuvo uno, igual que nadie los tiene. En realidad... ¿alguien es feliz? Dudoso, muy dudoso y eso porque estoy contando a los jóvenes que probablemente se están drogando en los jardines universitarios en este momento.


Es que... estoy agotada. Nunca me había sentido tan hecha mierda y no lo entiendo. El manejar cinco minutos para estar sentada durante once horas y media no amerita el cansancio. Tal vez es la falta de propósito. No tengo absolutamente ninguna razón para hacer nada. Si desaparezco nadie lo va a notar en este lugar: "Ah, sí, ya se fue la recomendada que no hacía nada y se la vivía de huevona", lo mismo en mi casa, mi hermana podría pasar días viendo su teléfono hasta que descubriera que nadie le ha dado de comer a los perros y se preguntara ¿dónde está Jimena? Mi papá pasa días sin hablarme y mi mamá me habla constantemente pero no es a mí, sólo necesita que alguien la escuche, en cuanto abro la boca recuerda quién soy y la gigantesca decepción que resulté y entonces repite la misma anécdota para no sentirse sola. A menos que me vea llorando, entonces se enfurece y empeora las cosas echándome en cara que no tuvo caso traerme al mundo para que sea tan infeliz. Es que han de saber que es mi culpa. Supongo que tiene razón, la verdad es que nací dañada. No sé qué le pasó a mi cerebro o por qué no funciona como el de los demás. Quisiera ser como mi hermana, que justo ahora vive su fantasía del amor. No digo nada, me guardo lo que estoy pensando. Verán, les voy a explicar algo.


El amor existe por dos razones: Una persona se enamora de un trofeo o de un interés. En el caso de las mujeres, hay dos razones para que un hombre se declare enamorado y se case, la primera es que esté buenísima y pueda presumirla frente a sus amigos y disfrutarla en privado, la segunda es que tenga dinero y/o pueda servirle de vehículo para obtener dinero o influencias. Estábamos en Venecia cuando se detuvo a comprar una pluma para el susodicho. Yo no compré nada, ya tenía un sello maravilloso con una 'J' que compré la última vez y no tenía suficiente dinero para comprarme otra cosa así que la esperé. Le compró una pluma y me dijo "le prometí una pluma especial para cuando firmáramos nuestros contratos". Ahí me cayó el veinte... no sé si estaba más decepcionada o triste porque le vaya a pasar exactamente lo mismo que ya le pasó otras tres veces antes o porque se comprobara mi teoría una vez más. No le dije nada, por supuesto, ni lo haré. Ella puede decirme las cosas más hirientes que se le ocurran cuando más madreada estoy, ya saben, el momento para patear a una persona es cuando está en el piso, pero yo sé que ella se las ingeniará para construir un discurso oficial donde su siguiente gran amor falla por vicisitudes del destino en lugar de un vil episodio de "uso/explotación/fraude", pero yo no soy nadie para decirle algo cruel y desmentirla. Ni me va a creer ni servirá para que no vuelva a caer en la trampa, entonces no tiene caso. Lastimar por lastimar es un crimen.

En todo caso, me he equivocado antes. Como aquella vez cuando tenía quince años y le dije a Mrs. Palmer que el matrimonio y el amor verdadero no eran lo que soñaba, claro, admití que se podía ser feliz en el matrimonio, siempre y cuando se de por sentado que tendrás problemas, habrá desacuerdos, te pondrán los cuernos al menos unas dos o tres veces y no hay garantía de que quieras a tus hijos o tus hijos te quieran a ti. En ese momento se enojó y me dejó comiendo sola en la banquita. Creo que no me habló en todo el día. Más de quince años después puedo reconocer que me equivoqué. No se casó y tuvo un matrimonio infeliz. En cambio, se convirtió en actriz y es aficionada a todo tipo de actividades sexuales y demás parafilias en las que se involucra con sujetos que conoce en internet a través de sitios dedicados a poner en contacto a aquellos hombres interesados en mujeres mórbidamente obesas y aquellas damas que cumplen con los requisitos y consideran que es buena idea dejar evidencia fotográfica de sus cuerpos en situaciones comprometedoras. ¿Ven? A veces me equivoco.


Bueno, ya casi es la una, después saldré a comer, regresaré, estaré una media hora sola hasta que llegue mi vecino de oficina para contarme algo sobre política y administración pública, luego saldré a fumar con Ser Coffee que pasará alrededor de veinte minutos fumando en silencio mientras yo hablo como merolico sin cuerda, a menos que haya un chisme y entonces podamos criticar a alguien pero esto está muy muerto, entonces regresaremos en silencio a nuestras respectivas oficinas donde contaré los minutos para regresar a mi casa y a abrazar a mis perros, los únicos hijos que tendré y que por desgracia se morirán antes que yo. Igual que hizo Rito. Sigo sin entender por qué se murió Rito y en cambio me quedé yo. Sigo sin encontrarle sentido y no me vengan con las reglas de la naturaleza, porque esas son mamadas. Él era un ángel, yo sólo ocupo espacio y la verdad es que no creo tener nada más qué hacer en este mundo. ¿Qué podría hacer, algo por alguien? No sirve de nada. Nadie puede ayudar a nadie.

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