miércoles, 16 de noviembre de 2016

Procedimientos

Ayer vi a Jane, Mr. Bingley y la pequeña sin nombre, que ya tiene nombre pero como se me hace un nombre completamente repetitivo y común, prefiero seguir llamándola "bebé sin nombre", suena mejor. Podría ser como una de esas criaturas fantásticas que nacen de una almendrita porque en lo que a mi concierne, la niña nació de una almendrita. La cargué un momento pero descubrí que no soy capaz de creer que tendré algo que ver en la vida de la bebé, nunca, igual que Jane es una completa extraña. Le deseo lo mejor, en verdad, aunque tampoco la incluyo en mis oraciones, después de todo yo le rezo a los santos que para ellos son ídolos falsos. Confío en que su Dios la mantendrá feliz y segura. Yo, por otro lado, me quedaré conmigo misma que soy lo único que me queda. 

Mi hermana ya se fue, no sé a dónde ni cómo pero cada día me queda más claro que me está vedada la calidez que hasta hace unos tiempos era capaz de proporcionar. No sé cuándo pasó pero un día dejé de serle importante. Ella no lo sabe, claro, no se ha dado cuenta. No se escucha a sí misma, especialmente cuando me lastima. "Nunca haría o diría algo con la intención de lastimarte" y sin embargo me lastima, el que tuviera la intención de hacerlo o no, es irrelevante. He puesto mi distancia, aunque en las noches, cuando Mina y Luke se van a dormir con ella, me siento especialmente sola. Afortunadamente le compré una funda de peluche a un cojín que abrazo y me hace sentir mejor, creo que es el hueco de Rito. Dormí tantos años abrazada a él que tengo que dormir con algo, un cojín, un peluche o una almohada que llene el vacío, de lo contrario me ataca el insomnio, sin importar que haya recurrido al tafil que mi madre aborrece por razones que nunca lograré comprender. 

A veces creo que lo único que me queda es mi mamá, afortunadamente creo que podremos sobrevivir los años que nos queden con ayuda de cocteles y cigarros. A mi papá lo perdimos cuando murió mi abuela. Vaya, hace un par de días le pregunté si me podía llevar a Toluca a recoger el número de una de esas compilaciones que nadie lee donde salió un artículo que escribí con Mrs. Boss. Pensé que le alegraría, que estaría orgulloso, pero siguió desayunando sin dirigirme la mirada y se limitó a preguntarme cuándo quería ir. El camino fue largo y durante el trayecto escuchamos noticias. No sé si la información aportada por la tarotista de mi hermana (sí, las cartas le hablan y le advierten cosas, como por ejemplo que nos pelearímos terriblemente en el crucero, cosa que yo pude vaticinar sin ayuda de cartas) sea acertada o no, tampoco creo que los temores de mi mamá sean ciertos y en caso de que lo fueran no tendría nada qué opinar. He pasado toda mi vida aterrorizada ante de la idea de que una "mala mujer" apareciera para llevarse a mi papá, sumir a mi madre en la locura y destruir mi vida. A esta edad ya no tengo energía. Mi papá me ignora, lo que es un golpe durísimo.  La otra vez me mandó mensajes Miss Crawford, reclamándome andar desaparecida. Me contó que su papá sigue sin aparecer. Desde que se fue con la otra mujer, abandonando esposa, hijas y nietos por igual, no ha querido saber nada de ellas. Me decía que le duele muchísimo y por supuesto le saqué todas las invenciones tranquilizadoras que el haber estado en terapia desde los trece años me ha enseñado para hacerla sentir mejor. No le iba a decir: Sé exactamente cómo te sientes, a veces pasan días sin que mi papá me dirija la palabra y no sé qué hice para caer de su gracia. No, claro que no. Y ahí está, otra vez tengo diez años en el patio de la escuela mintiéndole a Miss Crawford, repitiendo la historia que mi mamá me hizo aprenderme para ocultar que mi papá se había ido de la casa. La mordaza. Que a todo esto me pregunto de qué sirve que sigamos viviendo todos juntos si no me habla. Al menos cuando estaban separados me tocaba un fin de semana de atención personalizada y constantes llamadas con recordatorios de que "soy la luz de su vida" y demás afirmaciones que hasta hace unos meses no dudo que fueran verdad. Ya no lo son. Lo mismo con mi hermana, puede consentirme y decirme que me adora cuantas veces quiera, al final cuando está conmigo me ignora. Bueno, no la culpo, supongo que no puedo competir con un teléfono. Lo más especial es cuando empiezo alguna historia sobre algo imbécil que a nadie le importa (mi triste vida, por ejemplo) y sin voltearme a ver contesta o hace una llamada en el altavoz y debo regresar al silencio para no molestar.

Por favor, no interrumpa a la gente importante con sus pendejadas. Iré a ver qué hay en Netflix. Luego, me reclama o hace muecas de desaprobación y "habla muy seriamente conmigo" por mi mal comportamiento y múltiples defectos y miserias. Yo sé que cualquiera diría: "Nadie te puede hacer sentir mierda, tú solita permites que te hagan sentir mierda". Oh, bueno, no puedo evitarlo. Necesito conocer a uno de esos niños psíquicos que se comunican con fantasmas. Hay una buena probabilidad de que haya estado muerta durante todo este tiempo. Por eso hago preguntas que no me responden o cuento historias que nadie escucha y nadie recuerda. ¿Dónde está el niño del Sexto Sentido cuando se le necesita? Ah, sí, se metió en drogas o algo así. 

Claro, ahora tengo a la Dra. Pills, ya no estoy sola, ni tengo que cargar con mis tristezas sola. La tengo a ella, a Luvox, Tafil y mis hijos para llevarle la contraria a ese chiflón de aire helado que me saca lágrimas en momento inadecuados. Yo sé que Miss Crawford y Mrs. Weston son amistades con guión, pero las aprecio porque al menos se quedaron. 

Tal vez sólo es fatiga o falta de alimento. No tengo hambre. En la mañana comí unos takis, aunque no me acabé la bolsa, sólo fueron algunos para calmar el gruñido. No tengo hambre. ¿Me pregunto si serán las pastillas esas que me dieron? Sí, ya sé que la dieta dice que debo desayunar, comer y cenar, aparte de las colaciones de las doce y las cinco, pero a veces el retortijón de estómago me resulta terapéutico, como el frío. Es agradable. De cualquier forma el único momento en el que me siento bien es cuando me baño en las mañanas. No sé por qué pero quedarse tirado en el piso de la regadera con el agua caliente cayéndote encima debería ser el estado natural del hombre. Yo no nací para la tierra firme. Es muy difícil cargar con este cuerpo/persona/carne (como le quieran decir) todo el día. Debería ir a nadar y quedarme flotando de muertito durante horas. El problema es que la alberca de su club deportivo de confianza siempre está hasta la madre y nunca se puede disfrutar a gusto. 

¿En serio pretenden que nade en circuito con un imbécil que se piensa el Michael Phelps marginal de nuestros tiempos y una señora que seguramente es más rápida que yo y aguanta más tiempo la respiración porque no fuma pero no tiene empacho en detenerse a contarme toda la vida de sus hijos, nueras, yernos, nietos y demás? Gracias, no.

Algún día viviré en una pecera. Le pondré uno de esos castillitos o ruinas egipcias o griegas de plástico que venden en PetCo y un montón de algas y corales de mentiras para sentirme en mi casa y dedicaré mi tiempo a quitarme los pellejitos de las uñas o exfoliarme las escamas. 

Mientras, mataré el tiempo. Todavía me falta media hora para salir de este corral donde vivo. No importa, algún día...

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