miércoles, 21 de junio de 2017

Conclusión

Al carajo, me compré una bolsa de playa y me voy a Bacalar... cuando regrese, todo estará bien.

lunes, 19 de junio de 2017

Pregunta de lo más seria

Disculpe usted, mi querido lector, pero tengo unas cuantas preguntas y ni la inútil de Miss Lucas, ni mi hermana, ni mi psiquiatra, me han podido contestar:

¿Qué diablos se siente estar enamorada?

Verán ustedes, me encuentro en una situación algo comprometida con el Capitán Berwick (¡MI VIRTUD Y DECENCIA ESTÁN INTACTAS, MALDICIÓN, NO PIENSE TAN MAL DE MÍ!), que  me besó y dice que me quiere a lo que claro, yo también le dije que lo quiero, pero sé que lo quiero tanto como quería a mis amigas, las doñas, bueno, no realmente, porque no podía vivir ni un día sin ellas y ninguna de ellas me dio un beso, jamás, pero extrañamente mi dependencia emocional hacia mis amigas, a las que comparaba con las tres gracias, era de lo más importante y si no fuera porque no puede haber tal cosa como la amistad entre un hombre y una mujer, básicamente porque ellos son animalitos que quieren atacar todo, diría que es mi único amigo, aparte de mi psiquiatra, aunque también tendría que admitir que desde que renuncié he podido vivir perfectamente bien sin él. No obstante, lo quiero, no como las novelas de la adolescencia me enseñaron que se suponía que era el amor, pero claro que le tengo afecto... ¿qué hago? Hasta el momento parece que somos un "ítem", aunque llevamos dos años siéndolo, hasta que se le ocurrió, me gusta pensar que en el colmo de la embriaguez y la nostalgia, soltarme un discurso en el que me extraña y me quiere y le dije que sí, yo también lo quiero (¿a quién engaño? Ya nos habíamos soltados un "te quiero" y un "te extraño" en pleno uso de nuestras facultades, que sí lo quiero pero no como él quisiera, creo), lo que es mitad cierto porque estoy muerta y no siento nada por nadie. ¿Saben por qué? Porque estoy loca y severamente traumada.

¿Cómo se sabe cuándo estás enamorada? Claro que lo quiero, es un buen hombre, the ultimate nice guy, casi un feminista, o al menos a nadie le había importado tanto un carajo hasta que lo conocí. Es maravilloso saber que a alguien le importas, que va a sacar la cara por ti y que te abrazará cuando sufras pero mi capacidad de corresponder a dichos sentimientos e impulsos digamos que es... ¿dudosa? Tengo muchos traumas y todos son productos de las monjas, si no me propone matrimonio mañana, me sentiré la peor mujer del mundo y eso que sólo fue un inocente beso. ¿Qué diablos es el amor, qué se siente, cómo lo diferencio? ¡No lo se! Puedo enumerarles una cantidad de cosas, lo que me ha traído de cada viaje y lo que le he traído a él. ¿Eso significa algo? Por el amor de Dios, díganme, qué se siente, porque no lo he visto desde el jueves y he hecho todo lo posible por evitarlo, pero lo realmente preocupante es que... podría vivir sola siempre y estaría bien.
No mentiré lo peor es que no tengo ni un sólo amigo que me entienda. Miss Lucas se cagó de risa de mí en el teléfono mientras yo lloraba (claro, su pendejo es un abusivo golpeador, por eso entiendo que esté tan contenta con que el capitán Berwick , sí, hablamos de la mujer a la que su novio la golpeó el sábado como un animal, supongo que cualquier bestia se ve mejor en comparación, vaya, hasta me da pena-gusto que le de gusto) cree que estoy cagadísima. Mi psiquiatra está hasta la madre y mi hermana ya se hartó de mí, no puedo confiar en nadie más. 

Sólo necesito que alguien me diga, ¿lo amo o sólo lo quiero porque es el primer amigo genuino que tengo? ¿O es genuino? Es un buen hombre, no se merece que sea mala con él sólo porque tiene un gusto extraño por las mujeres mentalmente desequilibradas. ¿Y si hago como si todo estuviera casual y normal? Dio, no puedo.

Me estoy volviendo loca. 
Tengo que escapar. Lo malo es que el boleto a Casablanca, Marruecos, está muy caro.
Tengo que huir y tengo que hacerlo rápido.

Sólo díganme cómo es para saber si debo seguir con este tremendo error o esperar unas semanas antes de soltar mi discurso: No eres tú, soy yo.
¡Alguien, dígame algo!


P.S

¿Es que no lo vi? Sacaba mis facturas, me trajo un Automóvil de Homero, el coche rosa de Homero, miles de libretas de los Simpson, un dispensador para mi te´, un abanico de recuerdo de la boda de su hermana, pintado por su mamá, alebrijes, chocolate y café de Oaxaca: Soy una imbécil. Lo soy!!!

domingo, 28 de mayo de 2017

Frozen (adiós gafete)

¿Qué creen que hice? Renuncié. Finalmente, renuncié, hice un berrinchazo en la última de sus chingaderas y de ahí me agarré para largarme como un Rockstar. 

 Me sentí Jon Snow:

Mi guardia terminó, perras.

Y después solté el micrófono.

Extrañamente, los primeros días cantaba de felicidad pero después de una semana o algo parecido empecé a sufrir una crisis de identidad muy parecida al duelo. De pronto me faltaban los descansos de tabaco, a las once y a la seis con el capitán Benwick, el dispensador de agua para hacerme té, saludar a Dianita (la estudiante de Economía que pasaba a recoger la basura tres veces a la semana),  a Cesar, el becario que fue mi único usuario por casi un mes, mi biblioteca, bañarme regularmente y... bueno, nada más, pero el caso es que pasé por las etapas de negación, ira y todo lo demás. ¿Qué diablos? Lo que me sorprende es que haya aguantado dos años y dos meses, ese lugar está a punto de colapsar. No sé qué me pasó, tal vez la incertidumbre, pero hasta mi psiquiatra llamó a otro psiquiatra para que me examinara y opinara sobre el medicamento que debo tomar. Los dos querían que tomara el mismo antipsicótico que mi mamá.
De repente, estaba parada en la farmacia con dos recetas y me quedé pasmada. Estaba lloviendo y yo seguía cansada y aturdida por haberme metido en unas clases de pintura con acrílico en la casa de mi doctora, dos horas después de mi consulta, lo que resulta en que me paso horas en el tráfico cuando ya me había acostumbrado a no manejar más de media hora al día desde hace dos años. Sonó mi turno y extrañamente no me animé a sacar la segunda receta, la idea de tomar el mismo medicamento que mi mamá me horrorizaba. ¿Por qué? ¡No lo sé! Como resultado, decidí limpiar mi sistema de trancazo, lo que fue una idea estúpida y sólo resultó en más ansiedad e insomnio.
Fueron días malos... pero, como siempre sucede entre los enfermos mentales, la felicidad sólo está a unos días químicos de distancia.  Oh, bueno, adiós gafete, te voy a extrañar. Volví a tomarme el Luvox, como persona decente y con ayuda del tafil he logrado ser una persona más o menos funcional que alimenta a sus perrihijos con puntualidad, puede sentarse a leer sin tener ataques de pánico y hasta cumple con sus obligaciones sociales. Si, hasta cumplí con mis obligaciones sociales, lo que hoy me permite dedicar mi tarde a las cosas que realmente importa (en este mundo tan fuera de control, hay que mantener nuestras prioridades claras):

1.- Observar sin fin capítulos viejos de The Walking Dead, perdón, quise decir: observar los brazos de Norman Reedus en capítulos viejos de The Walking Dead. ¿Los han visto? Son la imagen más bella con la que podría morir un ser humano, como un amanecer o un cachorrito recién nacido saliendo al mundo.

2.- Preocuparme continuamente por qué diablos le harán a mi amado Gendry en la 7ª temporada de Juego de Tronos. Es que no confío en ese par de perras conocidos como D&D, son capaces de destruir cualquier cosa, vean lo que le hicieron a Dorne. ¿Qué podemos esperar de ellos? Mamadas, es más, le tengo miedo a la próxima temporada. No sé si pueda soportarlo. He invertido casi diez años de mi vida en esto, maldita sea. También me ha pasado algo muy raro con Juego de Tronos, desde que Miss Crawford y su hermana se volvieron "super-mega-fans" prefiero no hablar del asunto. Me irrita ver sus demostraciones de emoción desaforadas. Ay, por favor, un verdadero fan hubiera salido corriendo a buscar los libros después del 5º capítulo y ya los hubiera devorado, digo, es imposible no hacerlo y Miss Crawford tiene una de mis copias del primer libro desde hace más de dos años y no lo ha leído, lo bueno es que tengo tres juegos más. Su afición, tomada tan a la ligera, me ofende. Si fueran verdaderos fans, no sólo hubieran leído los libros al menos dos veces y subrayado las profecías para compararlos con eventos, lineas de tiempo y procesos históricos (por cierto, encontré el nombre de "Gerion" en una crónica de los primeros reyes de Britania que no sé dónde chingados puse y no les puedo decir exactamente cuál es pero que me emocionó como una adolescente en su primer concierto de Boy Band), también tendría sus propias teorías de la conspiración, hablaría al menos tres palabras en Dothraki y habría dedicado y/o instalado al vez un par de anaqueles exclusivos para la saga con todo y memorabilia, ediciones ilustradas y especiales, libro para iluminar, juego de mesa, Funkos, Historia de los Siete Reinos y tal vez, sólo tal, una corona Baratheon para cosplay. Lo que me recuerda, mi Margaery Tyrell no ha llegado. Amazon es una mentira, la ordené hace más de un mes. Disculpen, perdí el punto. Lo que importa es que a diferencia de cuando se envició el Capitán Benwick, que es el mejor cómplice de televisión que una persona pudiera desear, la afición de las Crawford es forzada y superficial, no me gusta y me irrita. ¿Acaso se pondrían una camiseta de Spock alrededor de trekkies? No, no lo harían, porque es buscarse un golpe en la cara.  ¡He dicho!

3.- Lo que realmente quería contarles (es más, si quieren saltarse todo lo anterior pueden hacerlo sin problemas), es una extraña sospecha que me atacó hace unos días y que hoy confirmé como un temor que se quedará conmigo para siempre: ¿Qué clase de ropa interior usan los hombres de gimnasio? Yo sé que suena extraño, pero hace unos días (porque ahora que soy libre puedo dedicarme a hacer cosas frívolas como hacer ejercicio y leer tirada en el pasto con mis perros al atardecer) estaba luchando por bajar las lonjas cuando observé una pareja de esas que viven en el gimnasio. Imagínese usted, él, un sujeto tatuado (no en el buen sentido, uno creería que los tatuajes no pueden no ser atractivos, bueno: ¡Sorpresa!), con una de esas muscle shirt flojas que cuelgan de su musculoso cuello como si fueran los tirantes de una blusa halter, de preferencia en colores fosforescentes, man-bun y ¿mallas, leggings, lo que sea?, más ajustados que los míos, obviamente todo en lycra. ¿Ya tenemos esa imagen? Bien, ahora colóquelo junto a una joven en atuendo de ejercicio perfecto a la que supervisa con atención. En un momento así me pregunto cómo putas le hace ella para verse tan tranquila y feliz mientras yo estoy escupiendo flemas y tal vez el alma después de ocho minutos en la escaladora, si le agregamos la faja y la tanga que se transparenta debajo del atuendo, la incógnita sólo se hace más grande. Hasta ahí era una de las ocurrencias normales, hasta que noté que los pantalones de él estaban más apretados que los de ella y lo único que se me ocurrió fue esto:




Ya sé que les parecerá extraño pero de verdad me pregunto, ¿su ropa interior es más pequeña y delicada que la mía? Sí, probablemente. Lo peor es que desde entonces cada vez que voy a gimnasio me da por comparar los pantalones. Por favor, no me juzguen, pero ya van al menos tres veces esta semana que cuando me siento en el aparato ese para bajar la panza cervecera me quedo pensando en qué clase de comodidad les puede proporcionar un atuendo semejante y cómo lograr desplazar tanto peso en ropa tan pequeña y extendida haciendo saltos kilométricos y otras acrobacias. ¿No se sienten sofocados por sus propios pantalones? Bueno, si es que a eso se le puede llamar pantalones y no mallas de bailarina de ballet, en toda su fabulosa variedad. Sí, he visto mallas en colores fosforescentes, con estampado de cebra, flamas y psicodelia, lo único que falta son unos malditos polka dots! 

¿Qué pasó con la hombría? 

Al salir, me encuentro con la barbería que pusieron en el local donde solía estar mi spa de preferencia y sufro, de verdad sufro. ¿Dónde están los hombres? Y no, no me importa que ese lugar use botellas vacías de Jack Daniels como recipientes y floreros, eso no hace su labor más masculina. 
Es más, me pregunto si me harán manicura gratis si les llevo una botella vacía. 
¿Así funciona? ¿O les ofendería mi olor tabaco y sudor?
Espero que esta extra fijación desaparezca pronto, pero por el momento tendré que dejar de ir al gimnasio al menos hasta el miércoles, no es que sea floja (sí, sí lo soy), pero en mi defensa mi mamá ha decidido usarme como asistente personal desde que estoy sin trabajo y tengo más obligaciones que antes, claro, puedo hacerlas en menos de tres horas, a diferencia de las once horas y media que me consumían el alma, pero a final de cuentas son obligaciones.

Con su permiso, debo ir a lavarme los ojos con imágenes positivas, con suerte en un par de días volveré a ver el mundo con algo de paz.

Es que, ¿cómo lo logran?..

No lo sé.



jueves, 23 de marzo de 2017

¡Qué hermoso salvar la vida de alguien!

He leído muchas cosas muy extrañas en mi vida, pero ahora sí que me quedé pasmada. Mire usted:

Desde lo alto de la roca, el hombre de la saliva salobre se lanza al mar y nada hacia la alfombra agradablemente coloreada [nota: coloreada por la sangre de náufragos devorados por tiburones], llevando en la mano ese cuchillo de acero que no lo abandona nunca.
Ahora cada tiburón tiene que vérselas con un enemigo. Avanza hacia su fatigado adversario y, tomándose su tiempo, le hunde en el vientre su aguda hoja. La ciudadela móvil se libra fácilmente del último adversario... Se encuentran frente a frente el nadador y la hembra de tiburón, salvada por él. Se miraron a los ojos durante unos minutos; y cada uno se asombró de encontrar tanta ferocidad en las miradas del otro. Giran en redondo nadando, no se pierden de vista y se dicen a sí mismos: "Hasta ahora me he engañado; he aquí uno más malvado que yo". Entonces de común acuerdo, entre dos aguas, se deslizaron el uno hacia el otro con mutua admiración, la hembra de tiburón apartando el agua con sus aletas, Maldoror batiendo las olas con sus brazos; y contuvieron su aliento, en profunda veneración, deseosos ambos de contemplar, por primera vez, su vivo retrato. Llegados a tres metros de distancia, sin hacer ningún esfuerzo, cayeron bruscamente el uno sobre el otro, como dos imanes y se abrazaron con dignidad y reconocimiento, en un abrazo tan tierno como el de un hermano o una hermana [Ok, todo bien hasta aquí... digo, si quitamos la salvaje masacre y el consumo de carne humana]. Los deseos carnales siguieron de cerca esa demostración de amistad. Dos muslos nerviosos se adhirieron estrechamente a la piel viscosa del monstruo, como dos sanguijuelas [*giggles*, lo siento, nunca podré pensar en sanguijuelas sin recordar a Gendry y las Cincuenta Sombras de Melisandre] ; y los brazos y las aletas entrelazadas alrededor del cuerpo del objeto amado que rodeaban con amor, mientras sus gargantas y sus pechos no tardaron en formar únicamente una masa glauca con exhalaciones  de fuco; en medio de la tempestad que seguía recrudeciéndose; a la luz de los relámpagos; teniendo por lecho de himeneo la ola espumosa, arrastrados por una corrientes submarina como en una cuna y rodando sobre sí mismos hacia las desconocidas profundidades del abismo, ¡se unieron en una larga, casta y horrenda cópula!.. ¡Por fin acababa de encontrar alguien que se me parecía!.. [Sí, una tiburona asesina, a love story] ¡En adelante ya no estaba solo en la vida!.. ¡Ella tenía las mismas ideas que yo!.. ¡Me encontraba frente a mi primer amor!

Los Cantos de Maldoror, Conde de Lautréamont

WTF! Digo, este libro ya había estado raro desde que se reproducía con una pioja y le cosían los ojos a alguien, pero esto fue demasiado desconcertante. Asumo que se trata de un simbolismo muy complejo para mi humilde entendimiento pero pa' todo hay límites, chavos. Ya si mencionamos que antes de conocer a su amor y meterse a fraternizar con los tiburones se entretenía rematando náufragos cuando estaban a punto de llegar a la playa pues la cosa se pone peor.

¿Qué rayos? Digo, lo voy a seguir leyendo, tengo todo el día sólo espero que no haya más romances asesinos entre diferentes especies. Hey, estoy a favor de todas las preferencias pero pongo mis límites en la zoofilia. ¡Los animales no son nuestros esclavos! Si quieren casarse con muñecas o coches está bien, no me importa, pero dejen a los animales en paz.

miércoles, 8 de marzo de 2017

Conteo

Empiezo a ponerme paranóica: ¿quién está leyendo esto? La idea de que mis descaradas confesiones lleguen a Monsieur LeGrand o Miss Lucas me aterra. Es que hoy me llamó, Miss Lucas, para decirme que básicamente soy una santa y está muy agradecida por mi terapia gratis. ¿Debería entrar en pánico? Tal vez, pero ya ni modo, esta cochina costumbre de escribir no se me quita. Creo que es el haber ido a terapia desde los trece años. Sí, mientras mis compañeritas se iniciaban en el fascinante mundo de la juventud yo me iniciaba en el fascinante mundo de los profesionales de la salud mental. 
Oh Dios. Estimado lector desconocido: si lo he ofendido en este blog le ofrezco una sincera disculpa y le aseguro que no era mi intención herir susceptibilidades, que es básicamente la razón por la que tengo que escribir la asquerosa verdad en alguna parte, para poder mantener la fachada de sabiduría y serenidad que me ha sido tan útil para sobrevivir el mundo laboral. Por otro lado, estoy loca y nadie debería hacerle caso a los locos, entonces el problema es usted.

O tal vez fue muy evidente el disgusto que me llevé ante lo inútil de mis intentos por sacar a una joven que bien podría haber sido yo, si no fuera una fóbica social que no soporta que la toquen, de una situación abusiva que pinta para convertirse en franca violencia. De cualquier forma hoy al fin intenté explicarle que yo ya no tengo su edad. Tengo 32 años, sí... 32. Lo único que quiero es tomar té, ir a mi casa temprano, rascarle la panza a mis perros y dormir. Oh, cómo quiero dormir. Ya de plano me apunté a otros tres masajes y dos faciales más del paquete que me regaló mi mamá,a medias, en mi cumpleaños, aunque tuviera que pagarlos yo. Es que necesito ese rato para descansar. No necesito comer, pero sí necesito echarme en la cómoda camita esa donde puedo permanecer en silencio durante una hora y media con sonidos de pájaros de fondo y agradable olor a lavanda y menta a mi alrededor. 

La edad pesa, ya no tengo veintitantos y eso le dije a Miss Lucas cuando me comentó que por alguna razón extraña que no comprendo le enseñó mi foto a un amigo de Mr. Collins y me propuso (sí, otra vez, Dios mío mátame) presentármelo sólo Dios sabe con qué pecaminosos fines. Decliné, por supuesto. Lo siento, pero no estoy para patear loncheras. Lo mismo le dije a mi mamá cuando me salió con algo parecido hace unas semanas, en este caso el hijo de una de sus amigas, aunque ahí debo culpar del todo a mi madre que me quita la edad con sus amigas para poder quitársela también ella y hacer que los números coincidan. Su amiga no sabe qué edad tengo y por supuesto yo no me puedo botar de risa y decirle: "Señora, disculpe usted, pero la han engañado y no estoy interesada en asaltar cunas. Gracias".

¿Por qué diablos me anuncian como novia rusa? ¡No lo sé! 
Aprecio la buena voluntad de Miss Lucas, digo, al menos su candidato era un especimen apreciable, un vikingo que desafortunadamente nació demasiado tarde para mí y no uno de los ejemplares que me ha querido presentar Mrs. Weston. El último parecía el hijo bastardo de un lanchero y un cantante de regueton albino. Se aprecia, pero paso. Ya sin mencionar que el hecho de "ser amigo de..." no sirve como recomendación, sino como advertencia. ¿Qué hay con las amigas y su disposición a contagiar sus males? Supongo que ellas no los consideran males, pero en lo personal yo me mantendría bien alejada de cualquier amigo de Mr. Collins o de Mr. Weston por el mero hecho de serlo. Uno es un ojete y el otro es un pendejo. 
El único contacto humano que necesito es el que incluya un masaje para arreglarme la espalda.

Por cierto, me duele la espalda y ya hice cita para seguir consumiendo mis masajes el viernes. Creo que dejé mi monedero en el spa y temo que se lo claven. Sería terrible si lo hicieran, ya no podría confiar en las señoritas amables del establecimiento. Sin mencionar que me gustaba mucho ese monedero y tiene la última estampita de San Lázaro que tomé de la imagen itinerante que pasa por la calle de Brasil, ofreciendo rosarios y consuelo a cambio de una módica limosna. Ay, cómo extraño el centro. Aquí sólo veo estudiantes todo el día y no me animan en lo más absoluto, al contrario, me causan malestar. Los veo jóvenes y llenos de ilusiones a sabiendas de que es cuestión de tiempo para que sean groseramente arrancados de su delirio y ubicados en la realidad. Como diría Frollo, en el Jorobado de Notre Dame de Disney: El mundo es cruel, el mundo es malo..."



martes, 7 de marzo de 2017

Estoy muy aburrida

Esto les va a sonar muy raro, pero es una buena pregunta: ¿Son o han sido en algún momento de sus vidas fieles creyentes?
No sé bien qué tiene qué ver, déjenme ver... bien. Regresaba a mi monótona oficina (aunque ahora que tengo un usuario/becario hasta parece que esto no está muerto, es rarísimo que alguien que no soy yo salga a dar direcciones o atender la puerta, sólo es raro y divertido), cuando dos señoras que obviamente eran Testigos de Jehová me dieron un panfleto. Ah, claro, Jesús cura a una mujer y escuchamos aquello de "tu fe te ha salvado". Nada que no supiera.
Me encantan los Testigos de Jehova y en general todos los hermanos disidentes, creen que al repartir pedazos de la Biblia por aquí y por allá nos están contando algo asombroso y secreto que nadie conocía. Sí, gracias, pero desde la traducción de Lutero ya tenemos acceso, todos los pobres mortales no ordenados, a la palabra de Dios. Se llama "libre examen". En lo personal, nada más he leído el Antiguo Testamento y fragmentos del Nuevo. El primero porque una monja me quitó mi libro (una novela naca de Sanborns seguramente o algo que le robé a mi hermana) y me dijo que no podía estar leyendo eso en clase, cuando le pregunté qué debía estar leyendo entonces me dijo que la Biblia. ¿A poco no se pone peligrosa la cosa? Le pregunté si podía leer el Apocalipsis. Lo único que sabía del Apocalipsis (porque aunque mi mamá intentó llevarme a "la misa de los niños" los domingos, mi papá jamás dejó de recordarnos que "esos pinches curas son... etc.,") venía de una película de Demi Moore que no recuerdo pero que tenía algo que ver con el fin del mundo. La monja me dijo que no, que eso "no era para niños" y me dejó leer lo que quisiera de la Biblia que no fuera eso... bien, me eché el Antiguo Testamento, que déjenme decirles que es mucho peor que el Apocalipsis que a lo sumo tiene violencia alegórica y una ramera de Babilonia sobre algún tipo de bestia de numerosas cabezas. 

Pero ese no es el punto, lo importante es que siempre me ha llamado la atención que no comprendiera el factor doctrinal más importante de toda la noción religiosa hasta la universidad. Sí, recuerdo que en clase de Biblia y Moral siempre nos ponían a buscarle solución a las parábolas. Y ahí está la parábola de los talentos y la semilla de ¿qué era? ¡Mostaza! ¿O era un arbusto de mostaza? A todo esto ni siquiera sé de dónde sale la mostaza. Y ahí tienen a uno perdido durante su primera juventud vacilando entre la creencia, la afirmación y la decepción por no haberse sentido importante al confesarse antes de la primera comunión porque en mi imaginación todo el catecismo sería una experiencia mística y mágica en la que usaría mantilla y se me advertiría el peligro del poder de Dios como se debe, no sólo una pinche clase una hora antes de entrar a la escuela donde básicamente repetiría las oraciones básicas una y otra vez. ¡Qué pinche decepción!
También hubo un periodo en el que quise aspirar a la santidad, pero era una muy mala persona desde niña y lo sabía. Los niños no son tontos y yo supe que no era material de santidad desde que me recitaron la vida de Santa Teresita. 
Lo importante, al final, recae en una sola cosa: ¡la fe!
Todo se trata de la fe y no lo digo porque Lutero todavía me tenga hipnotizada con la justificación por la fe y el peca fortirer, sed fortius fide? Si está mal escrito luego lo arreglo. No, hay algo muy particular con la fe. 
¿Han tenido fe en una persona? No en Dios, aunque el principio es el mismo porque se basa en evidencia. Está bien, el creer ciegamente en algo o alguien, te da una capacidad inmediata de aceptación de hechos que de otra forma podrías y sabes que deberías negar, sin necesidad de autoconvencimiento. Sí, es como cuando depositas tu fe, de manera sistemática desde tu nacimiento, en un lugar, puede pasarle un huracán encima y sin embargo, no podrás renunciar a él. Puedes estar caminando sobre los escombros, pero ese sagrado recinto está en pie y nada ni nadie, ni siquiera los quejidos de los trozos que vas rompiendo a cada paso te puede convencer de que no está ahí. ¿Por qué es diferente tener fe a creer? Porque el creer en algo se basa en evidencia y argumentos, en cambio, la fe se basa en ir en contra de las evidencias y los argumentos.
Por eso, por eso está cabrón cuando pierdes la fe en Dios... o en cualquiera.

Una vez que pierdes la fe, ya no hay forma de reparación, que extrañamente funciona de manera inversa a la creencia. Y ahí está usted, en la puerta de la pubertad y atravesando las primeras manifestaciones de una depresión cabrona que nunca se le quitará. ¿Qué se hace? Examinar las evidencias y decidir, que no puede haber Dios por lo que se piensa que se ha dejado de creer en él... ¡pero aguas!, porque a la primera señal de peligro, no sólo será la adrenalina la que lo asalte, también será la fe, que sale de un lugar misterioso para decirte "vas a estar bien", "estás caminando sola por un callejón oscuro pero Dios te cuida y vas a estar bien" y rezas. Ahí es donde sale asquerosamente delatado el hecho de que se conserva la fe, cuando escupes el Padre Nuestro antes que el instinto de correr. Finalmente, se pasa la edad más fastidiosa y se acepta la fe como algo presente que a pesar de todo se sostiene y se comienza a vivir con ello, se dicen las oraciones de forma más privada, se para uno en la iglesia cuando nadie está viendo, especialmente a media hora de distancia del hogar, a dos calles de la casa de su psiquiatra y sobre todo, se evita a toda costa el santuario donde la fe (sí, la misma que escupe el Padre Nuestro) te asegura, sin necesidad de prueba alguna, que es habitado por el diablo. 

¡Ah, qué bonito! Cómo me gusta hablar de cosas religiosas. También me gusta confirmar que no he perdido la fe en Dios, nunca lo hice, ni siquiera cuando me lo cuestionaba seriamente aunque yo creyera que sí. Uno se engaña. La duda no significa ruptura, al contrario, si se duda y concluyes que todo apunta a la culpabilidad de un hombres al que absuelves de todos modos, eso sólo se llama fe... y por eso, cuando se destruye la fe, no hay forma de recuperar la confianza en cualquier afirmación de la fuente rota. Pueden afirmarte lo más evidente, lo que tienes enfrente, algo que ves y puedes tocar, como Santo Tomás, pero no lo creerás y es como si el tinte de la falsedad cubriera todo, como el olor a coladera. 

Por la misma razón, cuando el receptáculo de esa firme convicción hace algo para delatar la mentira en la que has vivido, el daño no es para él (o tal vez sí, aunque él nunca llegue a comprender lo que ha hecho), no, el que ha sido mutilado es el que ha visto su fe defraudada y en consecuencia pierde la capacidad automática de afirmar. Ahí sí, se pueden aportar todas las pruebas posibles a favor de una afirmación que a falta de fe no se creerá. Es imposible. En ese momento es cuando entra el enojo, no la furia vestida de indignación que sale disparada como fuegos artificiales y eventualmente se calma con la misma velocidad con la que se encendió, no, hablamos de un enojo pasivo y profundo que te carcome y te quita la alegría de no sentirte del todo solo. ¿CÓMO PUDISTE? Se quisiera gritar, pero la manifestación de la ira ante el engaño no puede manifestarse porque no tiene sentido. ¿Para qué? Nada que se diga puede reparar la fe y es así como la protección de este ser omnipresente para el que significas el cordero más preciado de su rebaño desaparece y te quedas solo. 
El enojo se convierte en amargura y después en vacío. Te quitaron una gran parte de lo que solías ser. Ah, pero fue culpa del pendejo que se la creyó desde un principio. Claro que sí y de ahí viene la autorecriminación por ser tan estúpido y del enojo con otra persona se pasa al autodesprecio. 

¿CÓMO?
Ah, pues muy fácil, las evidencia estaban ahí pero uno, movido por la fe, se aventó de precipicios para negar la fuerza de gravedad. ¡Pues claro! 

El resultado, es una persona hecha mierda sobre las rocas y un montón de gente que no sabe en qué diablos estaba pensando. Bueno, yo tampoco lo sé. 

lunes, 6 de marzo de 2017

Otro fantasma que camina, no el de la selva

Soy una mala, mala persona. Sí, sí, lo soy, debo serlo, de otras forma no sé de dónde viene este comienzo de casi odio por Miss Lucas. Se supone que es mi amiga pero es... demasiado pushy y needy y es todo el día "consuélame, consuélame, ponme atención, no puedo vivir sin un hombre". A veces me llama hasta diez veces en la noche y si no contesto sigue sonando y sonando y quiero reventar. Pobre Fanny, ahora entiendo cómo debe haberse sentido conmigo. Bueno, lo estoy pagando, pero ya estoy llegando al límite con Miss Lucas, ya llegué al punto en el que veo su nombre en el teléfono y lo aviento. Después de negarme una y otra vez a salir a beber cerveza, finalmente tuve que acceder porque me quedé sin excusas y porque al fin terminó con Mr. Collins, que considerando que era abusivo, vividor y feo, me da gusto. Me las ingenié para buscar un lugar dónde yo pudiera hacer compras y también pudiéramos comer y encontrar cerveza de barril. Hay que aprovechar el tiempo, multitasking, multitasking. También admito que me ganó la vanidad moral y supuse que era lo correcto ir en su auxilio, a pesar de haber estado hablando por teléfono diario durante toda la puta semana para repetir el mismo discurso una y otra vez, el mismo que básicamente reza: "deja de rogarle, sobrevivirás". Oh Dios, parece que le estuvieran arrancando la piel. ¿Ha leído esos poemas donde uno se muere de ganas por decirle al elevado autor "chill, mano, no te están desollando vivo"? Bien, ahora sólo imagínenlo en acción. 
 Perdí un sábado entero, un precioso sábado en el que hubiera preferido estar echada en la terraza rascándole la pancita a mis hijos. Yo no quería salir, yo no quería desperdiciar las preciosas horas entre cuatro y siete hablando de lo mismo: el novio abusivo al que acaba de dejar, la gente del trabajo, información que suelto cuando llevo tres tarros de cerveza y estoy desesperada por irme. Al menos compré zapatos. ¿Ven? Esa es una de las ventajas de la Sra. Weston. Vamos a lo que vamos, en horarios contemplados para ser cómodos y se acabó. El capitán Benwick también es lo suficientemente amable como para dejarme hablar y sostener conversaciones sobre televisión, películas, música y libros, que es lo que todos esperaríamos de la socialización. Ahora los becarios también están enojados conmigo porque no fui a la comida de cumpleaños que le iban a hacer uno en casa de su abuelita. Deben estar enojados, no me respondieron el mensaje.

Oh well... estoy demasiado cansada como para preocuparme. Sólo quiero sentarme en esta oficina, hacer el mínimo de trabajo posible, tomar mucho té y ver Outcast. 

Carajo, yo sólo quería ser amable y mantener algunas amistades útiles y superficiales, no quería convertirme en una figura materna permanente... y gratis, que es peor, al menos yo le pago a mi doctora. 

Por ejemplo, me caga, me caga que me pongan "te quiero", en público o privado, porque me siento obligada a decir lo mismo y no es verdad. Yo no quiero a nadie. Oh Dios... una vez mi abuela me dijo eso, mi abuela la piados, no la que está muerta, y me sentí muy ofendida, pero tiene razón. ¡Oh Dios, tiene razón! Ah, también odio que me digan "Jime", pero por alguna razón me acostumbré porque a la gente le gusta decir esas cosas, aunque en verda dno lo entiendo, en el Archivo me decían "Jimenita" que no es tan terrible.

Tal vez podría tener razón en otras cosas y si me confirmo todos mis problemas mentales desaparecerán. Who knew?

UPDATE:
Por la mañana se me olvidó el teléfono en mi casa. Más o menos a medio día, cuando pegaba etiquetas pacíficamente en grupos de libros que acomodaría después en sus respectivas clasificaciones comenzaron los mensajes de Facebook. ¿Adivinan? Sí, Miss Lucas que al parecer vio a Mr. Collins ayer. La verdad les contaría que pasó pero no puse atención en los detalles porque ya sé cómo funciona, es un capítulo de Víctimas Especiales cualquiera. Sí, Mr. Collins, la persiguió, la acorraló, le suplicó que volviera con él, lloró y prometió que la amaba y cambiaría.

Oh Dios, bien, gracias por el show, pero no tengo planes de quedarme repartiendo toallas hasta el final del primer tiempo cuando le suelte un madrazo, tengo cosas por hacer. Así que con todo el dolor de mi corazón me hice la occisa, le di por su lado, la dejé hablando y después aclaré que no tengo la intención de ir a ningún festival ni a comprar nada porque yo ya no tengo veintitantos años como para desperdiciar mis pocas horas libres de vida, no tengo la energía ni la condición.
Por un momento creí que había sido demasiado dura o exagerada, hasta que llegué a mi casa y vi mi celular: 13 mensajes y 12 llamadas perdidas. ¡12! ¡DOCE!

Lo siento, no tengo espina para esto. ¿Quién putas soy, la madre Teresa?  No puedo creer que haya gente tan desconsiderada. Me estuve muriendo de bronquitis durante cuatro días pero como todo iba bien con el abusador en ciernes entonces no fui requerida ni se me dirigió ni un sólo mensaje para saber cómo estaba, el año pasada me plantó para el festival con una mentira un día antes pero resulta que este año yo tengo que bailar al son que me toque su pendejo.. no, no. Si quisiera tener que soportar los avatares de un pendejo abusivo me conseguiría uno, pero la verdad prefiero gastar mi sueldo en cosas bonitas para mis hijos y para mí.

Sí, mis niñas necesitan collares nuevos y tal vez placas con cristales de swarovski. ¿Qué necesita mamá? ¿Unos zapatos? No, mamá necesita muchos zapatitos nuevos.

Y con esto, damas y caballeros declaro cerrado este changarro. Ya tuve suficiente, no soy terapeuta y aunque podría serlo si tomara el curso, no lo haría gratis. Yo pago semanalmente, ya estuvo bueno de que vivan de gratis.
¡Que comience el ghosting!

martes, 28 de febrero de 2017

Versiones fidedignas

Cada vez que mi mamá me da un aventón a la oficina, o que la veo en las mañanas cuando me estoy vistiendo o estamos comiendo una frente a la otra, tiene una sola cosa tatuada en la cara: decepción. Tal vez debería alentarla a que se ponga más botox, así no vería el disgusto y la frustración. La entiendo, la verdad no soy una hija de la cual estar orgullosa. Soy una solterona y lo único que tengo es un trabajo patético. Todos los días, en la mañana, en la tarde y en la noche hay un comentario nuevo. Ya saben, sutilezas de madre: ¿por qué no voy con el bariatra/nutriólogo/diestista de tal o cual amiga? ¿por qué me habrán salido tantos granitos, será hormonal? Debería estar peleando por horario de medio tiempo o al menos buscar una plaza. ¿Por qué no me consigo otro trabajo? ¿Qué estoy haciendo aquí encerrada todo el día? ¡Ni me pagan! (Hey, ya se pusieron al día, al menos) Qué cosas tan raras uso, me peino muy... exótica. Ya tengo que cortarme este pelo. Tengo las puntas maltratadas y se me ve muy seco. "Mírate esas uñas".

¿Cuántas capas de ropa traigo, no tengo calor?
¿Por qué me descuidé tanto?
La resequedad en las manos significa que me faltan vitaminas.
¿Tomé anoche, cuánto, qué, whisky, estoy cruda?
Tengo que tomar ácido fólico.
¿Para que paga el club si nunca voy?
¿Para qué me trajo al mundo si iba a ser tan infeliz?

En este punto intervengo y aseguro que soy feliz, soy una persona feliz... que trabaja once horas y media y está cansada, pero feliz. No me cree. 

viernes, 24 de febrero de 2017

Oh, la inestabilidad

Tuve un par de días muy buenos. No sé si será porque me dio bronquitis y me pasé cuatro días en cama viendo Netflix en mi laptop nueva, con mis cachorros en las piernas, o porque extrañaba la libertad de andar en la calle, bueno, no en la calle pero en mi pequeña oficina que de alguna forma he logrado convertir en un hogar, uno del que me pueden correr en cualquier momento, pero un hogar. En verdad estaba de muy buen humor, sin necesidad de Zyprexa ni tafil, sólo reía y tarareaba. Me boté de risa hasta el llanto con un video de una mujer cayéndose (es que primero se resbalaba con los tacones y luego se le caía la peluca, fue maravilloso), pero ayer, cuando acomodaba los libros recién etiquetados en la estantería y aprovechaba la privacidad del cuartito de puertas tapiadas donde nadie me ve para bailar, se me ocurrió que esa paz y ligereza era peligrosa. Sí, la identifiqué. Ya la conozco, vaya, me la sé de memoria, es como ese periodo de mejoría que antecede a la muerte entre los enfermos terminales. A veces son unos días, con suerte pueden ser hasta dos semanas, pero eso es raro. Después, es cuando viene lo malo. Siempre (¡SIEMPRE) pasa que después de esos días de alegría inexplicable aparece una tristeza desaforada imposible de controlar. Sólo aparece, la puede detonar cualquier cosa, una palabra o una frase en el libro que estoy leyendo en lugar de ponerme a trabajar, una canción o un recuerdo, de repente se disparan los pensamientos y no se van. Es como una imagen que no logras quitarte de la cabeza. ¿Les he contado que no puedo pensar en agujas porque en mi mente me las veo clavadas en los antebrazos, o al menos en unos brazos que veo a distancia aunque esté consciente de que son míos y no puedo quitarme la sensación de que la aguja está adentro de la vena, exponiéndola, como si pudiera pasar cualquier cosa? Rasgar la piel y el músculo o reventar la vena, aunque nunca llegue a visualizar la sangre.

Bien, por fin pasó. Todavía hasta las cuatro o cinco de la tarde estaba contenta, no me importaba verme gorda en el espejo porque amo mi playera nueva de Daryl Dixon y avancé bastante con la clasificación de una de mis amadas estanterías... hasta que cayó de madrazo. Con la desolación llega el cansancio, el malestar estomacal y las lágrimas. Es muy raro cuando brotan las lágrimas y las sientes antes de tener consciencia de que las estás derramando, entonces corres a la caja de kleenex porque nunca se sabe quién podría entrar y se sorprendería porque yo (sí, ¡YO!) esté llorando. Recordemos que aquí nadie sabe ni conoce dato alguno sobre mi depresión clínica. Justo hace un rato, Monsieur LeGrand me contaba de un estudiante de servicio social que todos odiaba por ridículo "porque se deprimía y lloraba y decía que no podía trabajar", etc.
Al final le dijo que si no estaba preparado para la chamba se fuera y yo le respondí: "Le hubieras dicho que no estaba preparado para la vida, que se tire de un puente y deje de chillar, qué horror".
Ay, soy una hipócrita. Me encanta cómo trago antidepresivos y antipsicóticos como si fueran dulces pero aquí me encanta andar por los pasillos con una sonrisota de idiota pegada en la cara hasta hacerme fama de "buena onda", hasta entre los ex-becarios de la difunta Sra. Elton. Sí, no me pregunten, me contó la chavita encantadora que hace la limpieza. Su hermana le contó (WTF?), ya sin mencionar que mi oficina es la única que está llena de post its de colores y dibujitos infantiles, impresiones de Waterhouse, Hopper y un pizarrón donde pego postales y todas las notas que me dejan. ¿Por qué lo hago? ¿Qué placer monstruoso obtengo de coleccionar las pruebas de afecto prodigadas a esta persona ficticia que labora de nueve a nueve? "Te quiero Jime", "La queremos mucho, nunca cambies", la postal de Van Gogh que me trajo del MOMA el capitán Benwick y algún dibujito de la hija de uno de los jefes de unidad (luego por eso la gente piensa que tengo hijos).

¿Qué está mal conmigo?

¡MUCHAS COSAS!


jueves, 16 de febrero de 2017

Gente ficticia

Mi querido lector:
He descubierto algo importantísimo... I'm a cold bitch. 
Lo peor es que estoy disfrutándolo. La primera indicación llegó con el puto día ese de los amigos y las notitas pegadas en los camiones. Jane me mandó mensajes y un video de su bebé. No sentí absolutamente nada, la verdad es que estaba ocupada pegando etiquetitas y sonándome (estúpido catarro que no se quita) y me despedí bruscamente porque no tenía ganas de involucrarme en pláticas corteses por mensaje y esperar doscientos años a que me contesten. "Tú estás bien, yo estoy bien, todos estamos bien... good!"
El asunto es que ayer se despidió Mrs. Smith de la oficina. Oh, sí, todos le advertimos que no se peleara con el sindicato pero después de una serie de continuos errores jamás reconocidos, finalmente le pidieron que renunciara. No los voy a aburrir con detalles de la vida triste de oficinista, de cualquier forma sospecho que nos están eliminando uno por uno, como en "Diez Negritos", pero sospecho que nos van a ir eliminando uno por uno hasta que este respetable lugar desaparezca y el presupuesto pueda ser absorbido por la Facultad. Esto empezó con once personas y quedamos cuatro. En cualquier momento...
Bien, el punto es que no me dolió despedirme de ella, es más, ni me importa si está o no está, lo que no es una sorpresa para mí, pero al parecer sí sorprendió a los demás. El Capitán Benwick me contaba que ayer, en la junta de despedida Monsieur LeGrand me había notado "desdeñosa", lo que le sorprendió porque creyó que éramos amigas y por alguna razón que no comprendo decidieron comentarlo a la salida.

JA!

No voy a mentir, me llegó a entretener y le seguí la farsa durante toda su batalla con la Sra. Elton, pero siempre tuve cuidado de no socializar con ella fuera de la oficina. Podía tolerarla alegremente y creo que hasta me entretuvo un buen tiempo, pero ya a últimas fechas me tenía hasta la madre. "Sí, sí, ya jugamos a las mejores amigas, ahora por favor déjame trabajar a gusto". 
 Me tardé pero finalmente me he ido destapando un poco. ¿De verdad creen que soy puro amor? Creen que soy pendeja y luego se sorprenden, como la Beba Galván. ¿Creyó que me iba a joder con los pagos? Recuérdenme pegar sus fotos semidesnudo por toda la Facultad algún día, mientras tanto y gracias a un poco de drama público que le hice al estúpido de Liberace, finalmente se dignaron a pagarnos lo que nos debían desde octubre. Perras, perras todas.
Es muy agradable no sentirse mal. Ya sé que la gente dice un montón de sandeces sobre las experiencias y la gente y lo que te deja, pero son sandeces. La gente no te deja nada bueno, sólo malestar. Si me hubiera permitido confiar plenamente en Mrs. Smith, ¿se imaginan lo que me habría dolido saber las cosas que dice de mi a mis espaldas? Habría sido muy triste, por suerte ya estoy entrenada. Como le decía al Capitán Benwick, "para backstabbers" ya tengo a mis amigas que cumplen con su papel tan excepcionalmente como yo. Mire usted, así funciona, la sinceridad nunca me ha servido para nada, así que he descubierto que la cortesía fingida y la locuacidad sirven para navegar las aguas de la vida en sociedad. Fíjese, apenas el domingo Mr. Weston hizo un "jocoso" comentario sobre mi alcoholismo y no lo maté, no porque no me cagara la madre o porque no quisiera recordarle que él no se puede tomar una cerveza sin que su mujer le pegue, no, lo soporté porque es parte del contrato social. Si creyera que Mrs. Weston me tiene el menor aprecio genuino en el sentido en que solía concebir las relaciones afectivas cuando era joven, me habría sentido terriblemente mal, pero yo sé que nuestra afinidad se basa en nostalgia y comodidad y eso está bien por mí. Necesito alguien con quien comer sushi, comprar zapatos y usar vestidos medievales. Ella está dispuesta y le tengo afecto por ello. Si tengo que soportar al mueble de su marido, pues supongo que viene como parte del costo y está bien. Las relaciones se deben negociar, claro, siempre en nuestras cabezas. Yo sé que el Capitán Benwick no confía en mí y que Miss Lucas me usa como terapeuta/figura materna gratuita, pero está bien. Give and take, people, give and take.  Supongo que también quiero a Miss Crawford. Digo, no quiero que le pase nada malo, aunque admito que la he abandonado deliberadamente durante lo que seguramente ha sido el peor momento de su vida y no me pesa. ¿Qué le voy a decir, "Sí, yo sé, en algún punto de tu vida volteas a ver a tu padre, que te vendió el cuento de que eras su adoración y la luz de sus ojos, que nunca te mentiría, el mejor hombre del mundo, hasta que descubres que te ha mentido todo el tiempo y que cuando lo defendías de las acusaciones de infidelidad que pesaban sobre él resulta que todo el tiempo fueron ciertas y tú eras la única estúpida que creía en él y lo defendía"? Oh, well sweetie, deal with it. Toughen up!
Ese momento de tu vida en que te sientes irrompible es glorioso. ¡Sí, es glorioso! Me encanta decir "te quiero" a cualquiera sin significado alguno. Lo suelto como "buenos días" o "que comas rico", alguna de esas naderías de Godinez. Y si me mientan la madre o me hacen alguna porquería, no me preocupa, al contrario, lo doy por sentado. Sé que va a pasar y/o está pasando pero ya no lloro por esas cosas. Ser un jarrito de barro me hizo empática, pero miserable, lo peor es que durante mucho tiempo hice lo posible por batallar contra mi patética sensibilidad de vieja chillona y ridícula sin imaginarme que un día, de la nada, sólo iba a pasar. Era cuestión de tiempo, de haberlo sabido no me habría preocupado tanto. Digo, todavía soy frágil cuando se trata de mis papás y mi hermana, supongo que nunca podré dejar de sentirme mal cuando me hacen una de las suyas, pero al menos ya no estamos abiertos al público. Adelante, serviré de punching bag para que llores en mi hombro las porquerías que te hace el pendejo de tu novio y que tú permites porque tienes la autoestima por los suelos para sentirme moralmente superior, como una matrona romana. Y si un día se dan la vuelta y me descartan, no habrá problema, porque no invertí en nadie. Si no inviertes, no pierdes, como llevar una cartera vacía como señuelo en el metro. Que te la roben, adelante, no tenía nada. 

Yo estoy en el mismo lugar y tengo un montón de libros por clasificar. Nunca más volveré a ver a Mrs. Smith y si los demás se dieron cuenta de mi completa frialdad e indiferencia, tampoco importa. Ya tengo bastantes personajes ficticios por quienes preocuparme, no puedo hacer espacio para la gente real.
Lo que me recuerda, debo regresar al FanFic que estaba leyendo. 

jueves, 9 de febrero de 2017

La brevísima historia de la destruición de la Beba Galván y sus compinches

Por fin descifré qué era una de las tantas cosas que me mortificaba de la vida Godinez... el lugar. Desde que me mudaron, a mí solita, al area que solía ser de la Sra. Elton, con dos cubículos repletos de mis estanterías (que tuve que defender de la Beba Galván que después de verme desarmarlos y moverlos durante cuatro días me salió con que sólo tenía derecho a dos, aunque después de tener un exabrupto violento, terminó dejándomelos y hasta prometiendo comprarme ocho más... ¡esa perra!)  como vecinos, soy una trabajadora de lo más feliz. Ya sin mencionar que tengo vista al estacionamiento, es decir, ya no miro una pared blanca todo el día, ni escucho a Monsieur LeGrand hablar de política o de la mediocridad de sus alumnos sin parar. No. Ahora puedo trabajar en mi pequeña biblioteca de juguete todo el día y finalmente, ver el atardecer desde mi ventana.

Ahora, sería más feliz si me pagaran porque me deben dinero desde octubre, pero al menos, por el momento (no hay que cantar victoria), estoy satisfecha. Hasta me siento un poco como aquel personaje que alguna vez imaginé que pasaría toda su vida como parte de una familia artificial con Fanny y Jane. Es mi biblioteca, mi estantería, mis catálogos... tengo un lugar y se siente bonito. Ahora sólo debo seguir clasificando, catalogando y ordenando hasta el fin de semana. No sé si de verdad es la situación la que me hace feliz o el zyprexa. He recortado un poco la dosis. Ahora lo tomo un día y un día no.

Veremos, por el momento, debo terminar otro catálogo y quien sabe, a lo mejor un día de estos cae un usuario que no salga decepcionado.

We can only hope! 

viernes, 20 de enero de 2017

Maten a Tom Cruise

Les contaré algo sobre la depresión, la clínica y resistente. Muchas veces, como parte de todo el proceso, uno se siente responsable y culpable. "No le estoy echando ganas", como si fuera un defecto, una huevonería, una mamonería. "No estoy haciendo suficiente" y ahí se queda la culpa. "Debería comer mejor, hacer ejercicio, dejar de beber, trabajar y hacer cosas útiles". Entonces a la vergüenza y la desesperanza se suma la culpa porque se sabe (créanme, estamos conscientes) que nuestra tristeza, llanto y devastación afecta a los demás. Fingir gripe para justificar las señales del llanto o pasar tiempo absurdo en la regadera para ahogar el sonido de los chillidos se vuelve costumbre. A la gente no le gusta la tristeza. Llega un momento en el que se piensa que no hay remedio, que la mera existencia fue un error y que sólo se está desperdiciando aire... ahí es donde entran los medicamentos.

Los he probado todos, absolutamente todos. Puedo separar los periodos de mi vida a partir de los medicamentos que psicólogos, terapeutas familiares y psiquiatras me han recetado desde los 13 años. No estoy orgullosa, al contrario, pero uno de los maravillosos efectos secundarios de los antipsicóticos es la honestidad libre, sin culpa ni vergüenza. 
El domingo pasado me mandaron Zyprexa una vez más, no el normal, parece que Zyprexa Zydis engorda menos y la dosis es realmente muy pequeña. 
¿A dónde va este post? A mentar algunas madres y si fuera posible, asegurarle a cualquier otro infeliz que no sepa el por qué de su devastación cotidiana que sí hay remedio, que no es su culpa.

A cinco días de medicarme como Dios manda, Luvox en la mañana, Wellbutrin y un cuartito de Zyprexa Zydis en la noche, el ánimo y la capacidad para existir es tan absurda y diametralmente diferente que sólo puedo prender una veladora y darle gracias a Dios por la farmacología moderna... y si se nos cuela una oración por la muerte de la cientología, mejor.  
En dos días me mudé de oficina, armé un artículo en borrador, desarme, trasladé y arme de nuevo dos estanterías para mi pequeña biblioteca, me improvisé mamparas para la privacidad de mi bello acervo, imprimí papeletas, hice catálogos y me revolqué en la alegría de estar de nuevo sola, lejos de Monsieur LeGrand en un área para mí solita y mis libros. Eso haré, pondré un letrero en mi nueva oficina, que tiene ventana y vista al estacionamiento (YES!) "Khalessi del Mar de Libros". Bajé canciones y bailé, usé un collar que mi hermana me regaló cuando estaba en secundaria y nunca había sabido con qué ponérmelo, eché agua bendita en las oficinas donde alguna vez habitó la Sra. Elton, bailé mientras movía libros y me debatía si pintar mi carrito de bibliotecaria de color azul o gris azulado, tal vez un leve turquesa.
Se acabó la semana y no siento el pensar que me tiraba a la cama tan pronto cruzaba la puerta, al contrario. Sí, me duelen los brazos, las piernas y el trasero por culpa de mi labor desarmando estantes, trasladarlos y armarlos de nuevo en mi pequeña biblioteca, también hay un poco de dolor de espalda por estar escribiendo en la computadora, pero los malestares físicos no son incapacitantes, al contrario. Sé que cuando me acueste y descanse soñaré satisfecha (de preferencia con Daryl Dixon) porque hice algo. Mi día valió la pena.  Me desperté cantando, trabajé, me gané mi cheque y ahora sé que puedo irme a dormir con emoción por todas las pequeñas tareas que haré mañana en compañía de Miss Lucas. Cambiar un suéter por una talla más pequeña, recoger dos acuarelas recién enmarcadas, comprar papel para enmicar, ir a la papelería y enseñarle a Miss Lucas mi pizzería favorita, beberemos cerveza y haré lo posible por hacerle ver que su novio es abusivo, aunque no tenga éxito, haré todo lo que pueda para salvarla de un golpeador. ¡Que la fuerza me acompañe!

Quiero estar viva.

Por eso, se los suplico, cuando conozcan a alguien con un desorden mental, háganme un favor y nunca, nunca, nunca, bajo ninguna circunstancia le digan: "hay que echarle ganas". No, hay que tratarse. Hay que ir con un médico calificado. Recuerden que los desórdenes mentales son más comunes de lo que parecen y en muchas ocasiones son hereditarios, en lo personal, a mi mamá le diagnosticaron esquizofrenia, aunque mi psiquiatra piensa que en realidad debe tratarse de una epilepsia del lóbulo temporal con episodios esquizofrenizantes (¿o algo así?)  y aquí entre nos, la manía religiosa de mi abuela suele ser síntoma de algún trastorno no diagnosticado. Suena exagerado, lo sé, pero es más común de lo que todo mundo cree. 
Los medicamentos existen por una razón. De hecho, este post tenía una sola intención: Mi querido lector, la próxima vez que tenga la fabulosa idea de "olvidar" tomar mis pastillas o evitar las que engordan, mejor dispárenme. 
Ojala pudiera describirles la enorme y ridícula diferencia que hacen, pero creo que no tengo el vocabulario necesario, sólo puedo decirles que el domingo pasado creía haber sido una equivocación de Dios y hoy salí cantando de mi nueva y elegante oficina, pensando: "Nunca había visto un atardecer tan bonito". Sí, mi nueva oficina tiene vista al estacionamiento y la calle. 
Tal vez pueda parecerles triste, pero esa pequeña vista, el movimiento de los camiones y coches y el olor a garnachas es como ser parte de un paisaje más grande que yo. Es como ser parte de una vida, alguna, la que sea. 

Recuérdenme comprarle un regalo a mi jefe. Amo mi nueva oficina, mi estantería, mis libros y mis catálogos. 
He sido feliz. 

martes, 17 de enero de 2017

No lo vuelvo a hacer

Por favor, no me pregunten cómo diablos llegué hasta aquí... pero tengo una teoría sobre el siguiente video de Westlife:




Creo que he descifrado la ruta que tomaron estos jóvenes. Partimos de que al pendejo de la playera negra le pusieron los cuernos, bien, lo que haría cualquier amigo que se precie de serlo es subirse en el primer convertible rentado y/o robado que encuentre e ir a recoger al desdichado, que asumo que se bajó del metro en la estación del Zócalo, en la esquina de la catedral y por eso daba vueltas alrededor de la bandera, ya saben, pa' que lo vieran. Total que se bajan sus brothers y le dicen "¿ves, pendejo? ¡Te lo dijimos!", pero ya para no hacerlo sentir mal se lo cruzan y agarran camino rumbo a Donceles, la que recorren enterita pasando frente a las librerías de viejo sin entrar, porque aceptémoslo, si acostumbrara usar su tiempo libre para leer jamás le habrían visto la cara de pendejo tan fácil. 
 Ya llegando al teatro Esperanza Iris notaron la existencia de una pequeña cantina cruzando la antigua Cámara de Diputados, si, justo a un ladito. Al entrar se encontraron con una mesera muy simpática, una señora de cabello negro azabache, labios rojos y atuendo ajustado color negro combinado con animal print que les dijo "adelante chicos, ¿qué les sirvo?" Ordenaron varias XX y otras Bohemias más, depositando cinco pesos en la maquinita de música donde encontraron variedad de canciones de angustia, dolor y revancha, aunque al final se gastaron el cambio que traían en los Babasónicos porque son güeros y su bagaje de música folclórica es limitada, pero no se los digan porque se ofenden. Les ofrecieron el guisado del día y se empacaron unas cuantas flautas de papa con algo de consomé que estaba inmundo, pero barato, hasta que estaban suficientemente borrachos como para perderse la pena y abrazarse, como hermanos. 

Se subieron al metro en Allende y se bajaron en Cuatro Caminos, donde agarraron un camión rumbo a Satélite, aunque no supieron atinarle a uno que los dejara cerca de Plaza, entonces se bajaron en Periférico donde para su alegría encontraron "La Polar" y total que se metieron a oír mariachis y pedir toda variedad de licores (derechos y secos, por favor), hasta bien entrada la mañana cuando en un arranque de ebriedad decidieron irse caminando hasta las Torres a las que llegaron después de cruzarse el periférico irresponsablemente.  Ahí en las Torres se pusieron a cantar otra vez hasta que dieron las ocho de la mañana y se empezó a llenar el periférico, aprovechando el embotellamiento se cruzaron y con el peligro de una patrulla cerca se siguieron caminando frente al antiguo Teatro Las Torres, hoy convertido en World Trade Center mexiquense y se comieron una paleta para ver si así se bajaban la borrachera aunque después de pagar un dineral en mariachis en La Polar, con trabajos y traían para los camiones de regreso al centro y mucho menos para el metro. ¿Qué hacían? 
Después de algunos momentos de deliberación caminaron hasta la esquina del Sucre, el que rodearon hasta descubrir que en un descuido las monjas habían dejado abierta la cochera que da al kinder y más importante: ¡la preparatoria! Se metieron con cuidado y subieron a los salones donde encontraron a un significativo número de jovencitas en faldas azul marino y suéter rojo que los veían con curiosidad, porque güeros no se ven todos los días y mucho menos afuera de su salón de clases. Aprovechando el recreo les pidieron su atención para exponerles su tragedia y pedirles una módica cooperación para el camino de regreso. Finalmente, juntaron una buena cantidad, suficiente para los pasajes que los llevaran de regreso al metro antes de que una monja en falda recta color café y blusa color beige abotonada hasta el cuello con una hilera de esos botones pequeñitos en forma de media perla los invitara a largarse "como los engendros de Satanás" que eran.
Corrieron...

Una vez en Cuatro Caminos comenzaron a sentir los estragos de la cruda, y en algún punto uno de ellos decidió que el movimiento le estaba dando náuseas y le dijo a sus compañeros "me tengo que bajar, cabrones, me tengo que bajar" y fue así que se pararon en Revolución y como no sabían a dónde ir confundieron un hotel al que creyeron que podrían entrar al menos al baño con una torre de oficinas. Subieron por las escaleras sin poder abrir ninguna puerta hasta que llegaron a la azotea y se encontraron con una puta pista de helicópteros. ¿DE DÓNDE CHINGADOS IBAN A SACAR UN HELICÓPTERO?  "Ya ni pedo", pensaron y se pusieron a cantar en la pista porque lo volvieron a hacer, a pesar de que la última vez que agarraron la borrachera se prometieron, al siguiente día, que no lo volverían a hacer, porque eso sí, no hay borracho que no sea valiente ni crudo que no sea humilde.

Me gusta pensar que eso es lo que pasó en el video porque de otra forma no me lo explico. 


lunes, 16 de enero de 2017

No más vuelos ni que nada

Está bien, voy a tomarme un ligero descanso de hacer cosas que no debería hacer porque no me pagan para hacerlas pero que quiero hacer porque de otra forma ya no me sentiría historiadora y si dejara de incluir ese pedacito de información en mi autobiografía actual me suicidaría o al menos lo intentaría bebiendo cloro o masticando vidrio y así evadirme del hecho de que vivo con un gafete colgado, para hablar de algo profundamente perturbador que se me acaba de ocurrir no sé de dónde.
Esperen, sí sé de dónde. Todo empezó ayer, cuando salía de desayunar con mis padres en Sanborns, después de haber dejado profundamente preocupada a mi psiquiatra porque no es posible que mi terrible depresión no amaine con el Luvox y me mandara atascarme de Zyprexa hasta que mejore algo y ella pueda respirar tranquila sabiendo que no me voy a tirar por el balcón (que no tendría ningún punto porque caería sobre el techo de madera y vidrio del último piso, dudo que fuera una caída mortal, sólo quedaría madreada, como cuando me caí de la bicicleta estacionaria un día antes de Año Nuevo y sangré profusamente, aunque por suerte no me rompí ni fracturé la nariz, habría sido una tragedia porque salió muy cara). 

Bien, les decía, estaba sumida en ese lugar extraño al que me voy a veces cuando escuché algo familiar. En una de las televisiones había uno de esos conciertos de grupos de los noventas que se unen para regresar a la juventud a aquellas señoras que alguna vez fueron adolescentes y soñaban con los integrantes de las boy bands nacionales, y me quedé viéndolo con curiosidad mientras mi papá buscaba algo sobre un dueto de esas señoras de los ochentas que los padres gustan poner como soundtrack de las fiestas y viajes familiares para nuestra desgracia. Oh, sí, resultó que eran Magneto y Mercurio. Mi hermana era una fanática desaforada de esos jóvenes, los únicos aprobados por mis padres. Justamente, el viernes le contaba a Ser Coffee (que de hoy en adelante se llamará Capitán Benwick, perdón por no haberle puesto un nombre austeniano anteriormente pero no me imaginé que nos haríamos tan cercanos) que le llevé los cassetes (¿así se escribe?) de Thalia y Madonna a mis papás para denunciar su indecencia, lo que resultó en que mi mamá se los rompiera por tener fotos y letras inmorales y me preguntó: "¿entonces por qué te quiere tanto tu hermana?", cosa que no pude responder.  Esa pregunta me persiguió todo el fin de semana, pero mis arrepentimientos juveniles no son el tema de este post. 

Finalmente, en lunes, en la oficina, ocupándome de un artículo con algo de ausentismo porque temo que resulte ser la misma basura que entregué para el del año pasado y que mi Mrs. Boss tuvo que cirugear enormemente para que fuera publicable, decidí en el colmo del morbo poner el concierto que vi ayer por alguna razón melancólica/curiosa. Estaba trascribiendo el trabajo de archivo de alguien más para apropiármelo con ayuda del bendito apud cuando escuché la canción esa de "Cambiando el Destino". No vamos a detenernos en casos como "13 años", que por el mero título podemos imaginarnos que raya en la pedofilia, no, ni en la cantidad de "puertas del colegio" que se mencionan en el repertorio,tampoco en los recuerdos amargos de niñas de primaria montando coreografías y burlándose de mis dibujos de marcianos y demás traumas (no eran "marcianos", eran egipcios, Tutankamon y Ankesenamon, para ser exactos), no, vamos a la letra de la canción que dio nombre a la magna película de Magneto:

Cambiando el destino 
Te descubrí aquella tarde 
Tan callada 
Para mirarnos, nos falto valor 

Entre la arena y junto al mar 
Nos acercamos tu y yo 
Buscando un beso 

Había miedo en tu mirada 
Yo temblaba 
Rozar tus labios fue tocar el sol 

Y con un nudo en nuestra voz 
Nos entregamos tanto amor 
Amor infinito 

Y volamos hasta tocar el cielo 
Con nuestros cuerpos 
Juntos ir cambiando el destino 
Y al atardecer tu piel 
Iluminó mi corazón 
Aquella vez 

Cayó una lagrima de niña 
Sobre tu cara 
Nos sonreímos abrazándonos

Y en el anden de aquel adiós 
La infancia se nos escapo 
Al doblar la esquina 

Y volamos hasta tocar el cielo

Bien, ya que la leímos con cuidado y echamos mano de todas las metáforas que hemos visto anteriormente en los FanFics del mundo, sólo quiero preguntar algo y ver si tengo razón. Acepto que no sé nada sobre el tema del ¿himeneo?, ¿desfloramiento? (¿o desfloraciones?) y/o pérdida de la virginidad, aparte de lo que me han dicho Miss Lucas, los libros, la tele, los FanFics y principalmente Simone de Beauvoir, pero ¿se trata de adolescentes perdiendo la inocencia, cierto?

Veamos la evidencia:
Había miedo en su mirada y él temblaba, hasta aquí podemos asumir que tal vez era su primer beso y todos podemos seguir pensando que no hay ninguna agresión a la moral, pero luego se "entregaron" tanto amor y "volaron hasta el infinito con sus cuerpos". ¡Por dios, estaba muy claro!
Luego cayó una lágrima, aunque después de interrogar a quien ha querido contarme porque han de saber que muchas mujeres se niegan a dar mayores datos sobre el asunto, no estoy segura de qué tan dolorosa sea la experiencia en verdad, aunque uno nunca sabe, supongo que es diferente para todos pero asumo que al menos debe ser molesto y tres de las cuatro personas a las que les he preguntado me lo confirmaron. Bien, tomando la lágrima como indicación de dolor y leyendo que se sonrieron abrazados y que en el siguiente verbo se les escapó la infancia podemos concluir que efectivamente se trata de la iniciación sexual de menores de edad.

¡SE ME ESCAPÓ!

Jamás debí haber delatado a mi hermana por escuchar a Thalia y Madonna, debí haber denunciado a esos pervertidores de menores. Desafortunadamente, era todavía más joven que ella, cinco años y eso significa que estaba más tonta. A esa edad, Thalia cantando sobre sangre, sudor y saliva se me hacía mucho más escandaloso que un grupo de jóvenes aparentemente sanos y decentes que todo este tiempo nos estuvieron cantando sobre estupro y demás delitos inmencionables.

Lo que me asombra es que nadie haya protestado veinte años después cuando la ingenuidad ha sido exitosamente erradicada de entre nuestras juventudes. 
Así es, en verdad, yo sé que suena mal pero no conozco ni un sólo adolescente que no sepa más de la vida que cualquier estudiante del CONALEP.
Ahora, si me disculpan, debo regresar a mis vacías y estériles tareas.
Gracias por su atención.