martes, 22 de agosto de 2017

Espacio en blanco

Wellbutrin:
Ya hace un tiempo que tanto tú como yo sospechábamos que lo nuestro no tiene futuro, no quiero que pienses que es una excusa hueca, aunque suene a lugar común, es la única verdad. No eres tú, es sólo que no somos felices juntos y creo que es tiempo de aceptarlo. Sí, es cierto que decidí darme una oportunidad con Carbolit, pero te aseguro (aunque no quieras creerme) que no fue hasta que decidí que no podía seguir contigo que decidí buscarlo. 
Tal vez nos encontremos de nuevo, pero ahora debo dejarte y luchar por mi felicidad.

Recuérdame como la primera vez que nos vimos, tú envuelto en tu elegante envoltura plateada y caja blanca, yo en pants, un domingo por la mañana en el mostrador de la Farmacia. No me guardes rencor.

Yo te recordaré con una sonrisa en los labios y escucharé el eco de tu nombre en mi cabeza cada vez que sople el viento y/o repase mi historial psiquiátrico. Wellbutrin, Wellbutrin...

Tuya

Jimena

lunes, 21 de agosto de 2017

Peluquines

Por cierto, hay algo que me tengo que sacar del pecho: Me ofende profundamente la existencia de tal cantidad de shampoos, geles y jabones vaginales que se anuncian como "los de las niñas bien".

¡Eso sí que no se lo esperaban!

Pues bien, me ofende porque creo firmemente que responden a una supuesta necesidad inventada por las compañías de cosméticos y demás productos de higiene precisamente para vender más pendejadas que nadie necesita. ¿Qué es esto, el siglo XVIII? Los peluquines púbicos estaban de moda en el siglo XVIII y por alguna razón creo que es exactamente lo mismo. No tiene sentido alguno.

Lo peor de todo es que no veo que exista una gran preocupación porque los hombres mantengan sus testículos perfumados y frescos. ¿Acaso ven un talco especial en colores azul pastel específico para tales efectos? ¡NO!

(Lágrimas de risa. Sí, literalmente lloré de tanto reírme, ay me dolió la cabeza.)

Lo único que me consuela es lo molesto que ha de ser para Guadalupe Loaeza y sus yeguas finas que se use el término "niña bien" de forma tan relajada. Es que... ¿a dónde vamos a parar?

Este corazón

Les tengo una propuesta feliz, se me ocurrió ayer que estaba en el gimnasio disfrutando videos de Daryl Dixon y bajando as calorías que de todas formas iba a recuperar con el helado que me tragué durante el estreno de GoT: 

Necesitarán dos dispositivos, un iPod con dos o tres canciones pop de los 90's y otro donde se puedan ver videos. Ahora, busquen una recopilación de las mejores muerte o conteo de muertes de cualquier personaje, de preferencia Daryl, de The Walking Dead y al mismo tiempo ubiquen la canción de su preferencia, en lo personal, opté por "Enamoradísimo" de Mercurio, más que nada porque me recuerda a la adolescencia de mi hermana, que no sólo era fan y tenía los cassettes sino también iba a los conciertos (nunca digan que revelé ese feo secreto de su pasado) y aprieten play en el video y la canción al mismo tiempo.

Ahora sólo disfrute.

Tal vez estoy muy simple (no sé qué me pasa, no puedo evitar reírme, es una locura y es malo porque cuando riéndome sola por la calle la gente piensa que les sonrío y eso me aterra) y seguramente lo estoy porque ayer me reí tanto con la musicalización de las mejores y más violentas muertes de zombies y demás amados personajes al compás de canciones animadas de Magneto, Kabah y Mercurio (no logré acordarme de nadie más) que sin darme cuenta me aventé una hora en la elíptica. 

Es que imagínese, Daryl y Beth llegan al campo de golf y justo cuando nuestro arquero favorito usa un palo de golf para reventarle el craneo a un caminante llenando de sangre y sesos la bonita ropa nueva de Beth, suena a todo volumen "Explota ya, corazón!"

Es más, me muero de ganas de irme al gimnasio para poder seguir riéndome de pendejadas durante horas sin que nadie me moleste.

Pero sospecho que debería esperar a que pase el eclipse y después me voy a vagar, hay demasiadas cosas bellas por hacer, muertes que ver, telenovelas que comprar, la vida que le dicen.








Es más, ahí se los dejo de regalo. Como bono extra, y eso sólo porque son muy guapos, nunca GendryGuapos, pero guapos,  les presento la belleza de un "videoclip" que data de aquella loca y extraña época de los noventas en la que mis compañeras de primaria y también mi hermana comenzaban a soñar con la emoción de sentirse enamorado, mientras que yo leía novelas baratas y ridículas de los Expedientes Secretos X (sí, había novelas del famoso programa de televisión, se los juro), aunque recuerdo una vez que estaba leyendo una particular mala cuando pasó la teacher Rosy y no sé cómo vio lo que estaba leyendo, iba muy rápido, sólo me dijo "I love that show". Ah, no era la única aterrorizada ante la invasión extraterrestre que nunca llegó. Good times.

jueves, 17 de agosto de 2017

Amanecer de un día nuevo

Otra noche sin dormir, otra y el tafil valió pa' pura madre. Nada sirve, ya nada sirve, dieron las seis de la mañana y por alguna razón seguía despierta, agotada pero despierta. Me desesperé y me tomé otro tafil y supongo que logré dormir algo aunque acuerdo pedazos de Two and a half men, que por cierto detesto Two and a half men, pero es lo que había a esa hora, después desperté y vi The Big Bang Theory y luego ya estaba despierto todo el mundo y decidí que seguir intentándolo era inútil. Ahora, necesito azúcar y cafeína. 

¿Me angustia no haber hecho la tarea? En primer lugar me caga estar haciendo tarea, no me gusta medir y usar cuadrante y buscar el ángulo y demás madres para dibujar. Lo voy a hacer, pero a mano alzada y a lo pendejo para que me corrijan porque no es igual que el modelo, nomás porque no tengo otra cosa qué hacer con mi vida.

P.S

PINCHE DILUVIO!

Ahora, eso es malo, pero cuando tu coche tiene la tendencia a olvidarse de los frenos y la dirección después de 16 años de impecable servicio, no le reclamas, al contrario, lo llenas de besos tan pronto llegas a casa a salvo. Mi pequeño jeep se portó como un verdadero valiente.

¡Eres un espartano, jeep!

De cualquier forma respiré tan pronto me pude estacionar frente a mi casa porque de todos los métodos de muerte que existen, estar en  el centro de un accidente automovilístico causado por una falla mecánica se me hace demasiado azaroso como para ser disfrutable, al contrario, sería vergonzoso, no quiero obstruir el periférico nunca, o al menos eso pensaba cuando subía por el segundo piso y el viento y la lluvia nos empujó al pequeño jeep y a mí a un lado, amenazando con hacernos perder el control del volante. Puta madre, no quiero morir así!

Mucho menos del segundo piso. ¿Se imagina usted las noticias del día siguiente?, ¿quedar enterrado entre las ejecuciones del narco y los feminicidios?

Ah, pero la pendeja quería pintar. Adelante muñeca, mátate para arruinarle el día a los demás.
Por eso no me aventaría a las vías del metro, no hay nada peor que quedarse varado en una estación después de que un suicida te fastidia la ruta y tener que buscar una ruta forma alterna para llegar a tu casa. Me pasaba seguido cuando iba a visitar a Fanny en la Cuauhtémoc y alguna vez por culpa de los ciclistas el domingo en Reforma, pero esa la perdono mas fácil.

Me duele la espalda, no he dormido decentemente en más 30 horas y aún así estoy aquí escribiendo sobre lo aterrador que es manejar en la inundación oscura de lo que podría ser la ciudad o la señal de salida de Noé.

Malita sea, tengo que dormir!!!

miércoles, 16 de agosto de 2017

De pasada

Ya que estamos en esto de escribir a lo pendejo hay algo que me gustaría sacarme del alma, lo tengo atorado y siento que jamás lo podré gritar como me gustaría, así que recurro a lo único que me queda, ustedes:


FUCK YOU, JANE!!!

Me jodiste y no me lo merecía, pero me jodiste y feo. Espero que tengas una vida bonita y aunque sé que probablemente no te importa, me gustaría establecer que jamás volveré a recordar ni un puto momento que hayamos pasado juntas desde que te hice un comentario sobre la liga de rana que traías  en el cabello, y que se me hacía padrísima, en la fila de 1ª H en secundaria, sin una profunda amargura. 

No te importa, pero necesitaba sacarlo. Ahí va otra vez:

FUCK YOU, FUCK YOU, FUCK YOU!!!

Los invaluables recuerdos perdidos

¿Recuerdan que fui a desayunar con Mrs. Weston y terminamos hablando, extrañamente, de que era imposible tener amigos en esta vida? Bueno, en algún punto concluimos que la culpa estaba en nuestra extraña adolescencia. Verán, ninguna de las dos sabemos a ciencia cierta cómo funciona el asunto con los hombres, qué tanto es chisme y qué tanto es comprobable, y eso que ella está casada pero acaba de tener un incidente extraño con un maestro de Zumba que asombrosamente no es gay, aunque no viene al caso que les cuente porque sospecho que se me está quitando lo chismosa, lo que sólo se puede explicar si examinamos el único periodo de nuestras vidas en las que fuimos relativamente cercanas antes de que Jane se largara y se olvidara de que tiene amigas, sabremos dónde falló nuestra educación: el colegio.

Verán, nosotras no éramos del grupo de las adolescentes bonitas, sociables y codiciables, no, parecíamos brujas aborrecibles, tal vez lo éramos, pero eso no importa, lo que es realmente significativo es que esa debe ser la razón por la que nos perdimos de tantos eventos formativos que el resto de las mujeres normales sí pasaron y que explican el que a esta ridícula edad nos sigamos portando como ñoñas imbéciles que no sospechan que un hombre nunca es amable porque le caigas bien.
 Puedo recordar numerosas anécdotas que lo ejemplifican, claro, como espectadora, los eventos como viajes de generación (al que no fuimos), graduaciones (a la que tampoco fuimos), día de San Valentín (nunca tuvimos ninguna carta de amigos secretos, etc.), obras de teatro (no fuimos, pero hicimos una palmera de papel crepé que me parece que usaron en algún punto si recuerdo bien el video que vimos después, primeros novios (ninguna tuvo uno en seis, a menos que contemos al novio inventado de Mrs. Weston, pero no era real entonces no sé si debamos incluirlo), ni fiestas (mi relación con el alcohol empezó mucho después), posadas navideñas, en fin... ¡Todo!

Pero he encontrado la mejor forma de resolverlo y me asombra que la respuesta estuviera ahí durante tanto tiempo sin que le diera el verdadero mérito que merece: Rebelde.

Sí, yo se que en su momento dediqué muchas entradas a quejarme de las minifaldas con botas de piruja en una escuela donde nadie estudia y Ninel Conde se pasea a su antojo durante todo el día, pero realmente no me fijé en el valor educativo de las experiencias juveniles que faltaron en mi formación, bueno, también está ese detalle de la depresión clínica y resistente, pero ahorita estamos de mejor humor que ayer. 

Ahora, vamos al segundo descubrimiento que llegó con mi enorme descubrimiento: no tengo nadie con quien compartirlo. El capitán Berwick me reprendió por andar viendo esas porquerías y Miss Lucas estaba más interesada en preguntarme si era cierto que mi ex-jefe ya no está en el Centro de Estudios Inútiles e Infernales que en responder a mi asombro ante las coincidencias que logré encontrar entre la trama de la telenovela que duró tres años con los eventos del colegio. Ahí estaba, ¿qué pasó en el viaje de generación al que no fui? BAM! Los jóvenes del Elite Way School se van a Puerto Vallarta y lo explican todo.

¿Cuándo se establecieron esas aberrantes relaciones interpersonales entre mis compañeritos que hoy en día siguen juntos, se casaron y se reprodujeron como si este mundo necesitara más horror? Bam! Los jóvenes discuten sus relaciones y establecen vínculos en fiestas, jugando a las cartas de prendas (o algo así, vi ese capítulo sin sonido en el gimnasio y sólo puedo llenar los vacíos con mi imaginación), en los salones de clase (cuando probablemente yo estaba haciendo dibujos ofensivos de alguien junto a Jane), los eventos en los que jamás me anoté, como el intercolegial, porras, ¡LA INAUGURACIÓN DEPORTIVA! (aunque en mi defensa diré que a espiche madre sí fui pensando que me iban a reprobar en Deportes si no iba, lo que Jane probó que realmente no pasaba porque se salvó de las tres que nos enjaretaron) y supongo que hay más cosas. Recuerdo que había alguna especie de convivencia social a principios de año... oh, claro! "el paseo de integración". Recuerdo haber estado escondiéndome en el baño, lo que siempre hacía durante esas actividades, cuando entró una güera alta y flaca en bikini, me barrió y después se dedicó a estirarse y verse frente al espejo.  Se me hizo innecesario porque sólo entró a verse y luego salió con todas las otras damitas en bikini, no tenía por qué interrumpir a los que leíamos en el baño con toda nuestra ropa de mezclilla encima pero ahora veo que sí tenía qué hacerlo, porque Rebelde me ha enseñado que los machos de nuestra especie son animales, literalmente, animales que  nunca cambian, no era culpa de la juventud, ni de las hormonas de la adolescencia, sí, en esa etapa es cuando se liberan como los animales que son, pero nunca se acaba.  Estoy segura que debí haberlo discutido con Fanny pero mi memoria está tan muerta como mis emociones.



(¿Dónde estábamos nosotras? Asumo que en la cocina de Mrs. Weston portándonos como brujas amargadas, lo que me alegra, dadas las circunstancias, este mundo no es seguro ni siquiera en la edad adulta, no me quiero ni imaginar lo que pasa cuando eres joven y estúpido.)

De cualquier forma, no necesito imaginarlo, los de Rebelde me recordarán todo lo que seguramente nunca creí que en verdad estuviera pasando en el colegio porque se me hacían demasiado ñoños para ser peligrosos, lo que ahora dudo. Caray, me asombra que sólo se dieran dos embarazos no deseados en toda la generación. 





martes, 15 de agosto de 2017

Otro día muerto

Otra vez no me puedo parar, estoy temblando mucho y eso que comí algo, encontré unos frijoles en la cocina y aunque no tenía hambre me los comí. Pensé que el temblor desaparecería pero nada. 
¿Qué puedo hacer hoy? No tengo ganas de hacer nada. Diablos, el capitán Benwick ya me perdonó. ¿Por qué hace eso? Lo planté en su comida de cumpleaños y sólo lo felicité con una carita feliz por texto. Soy una perra, debería odiarme a estas alturas. Estoy muy cansada para esto.
Dormí mucho, gracias al pedacito de Zyprexa que supuse que ayudaría, pero aún así desperté cansada. Tengo la noción de que debo hacer algo pero no se me ocurre nada. Tengo tarea de la clase de pintura pero no creo poder sostener el lápiz, el temblor está peor. Tal vez en un rato más, todavía es temprano. Tal vez...

domingo, 13 de agosto de 2017

Telenovelas adolescentes

Bien... ¿debería tomar litio? Solamente lo he tomado una vez y fue por una semana, me dieron miedo los análisis de sangre, pero justo ahora veo dos opciones: o cambio de medicamento o me interno y la temporada que pasé visitando Oceánica (tenía 14 años, mechones rosas en el cabello, me enamoré durante cinco minutos de un joven mitad oriental adicto a las drogas con una calva que me recordaba a Yul Brunner y se llamaba Ricardo, aunque eso no es realmente importante), me enseñó que la terapia en grupo es la muerte, la odio y no planeo someterme a ella de nuevo. 

Tal vez debería, podría funcionar y desde entonces he superado razonablemente el miedo a las agujas.  La verdad es que estoy a punto de soltar la cuerda y tengo que hacer algo para evitarlo, bueno, eso es un avance, aunque supongo que es el resultado post-bienestar de la terapia semanal. 
¿Por qué será tan agradable ir a visitar a tu psiquiatra para remitirte a ese retiro espiritual al que fuiste cuando tenías once años y descubriste que la menstruación no era una broma?
También llegué al valioso momento de aceptación en el que puedo ser honesta y decir: No quiero amigos. 
De ahí que me fuera hasta a la juventud, la primaria y el cómo era literalmente la paria que ni siquiera los más rechazados social y radicalmente querían de amiga. Ser raro siempre será peor que ser moreno o pobre (las escuelas son racistas, es horrible está mal pero así era). Eso me lo enseñaron a trancazos (literalmente, había un niño al que discriminaban por ser moreno... no, esperen, eran dos diferentes pero los discriminaban por lo mismo y los dos me discriminaban a mí. Uno me pateaba y el otro me dijo que mi papá era un ratero y me hizo llorar. Algún día los encontraré, Toño y Uriel y juro que van a pagar las que me hicieron). No es normal dedicar tus fantasías románticas a un faraón muerto en lugar de a Dylan o Brandon, estamos hablando de la época preciosa de Beverly Hills. Debería apreciar que Miss Crawford siga ahí desde el kínder y que me haya cuidado tanto cuando era un pedo no tener amigos porque las escuelas tienen la perversa tendencia a organizar todo en equipos, o que pudiera platicar todo el dilema sentimental del capitán Berwick con Mrs. Weston, que a su vez, me hizo algunas confidencias sinceras que  agradecí mucho, porque me comprobaron que simplemente los hombres y las mujeres no pueden ser amigos. ¿Ven? ¡No es mi culpa! Es imposible. Una del kínder y otra de secundaria, ambas de la primera tanda de amistades que he hecho en toda mi vida. No necesito ni quiero más. Tal vez es el hartazgo, la depresión o la edad, no lo sé, pero mis días en estado de aislamiento se van haciendo cada vez más largos y estoy conforme. Tal vez si debería probar el litio otra vez.

Lo peor es que soy malvada en el proceso y me siento mal, de verdad, especialmente por no sentirme mal por haber mandado al carajo a todos los integrantes del Centro de Estudios del Infierno que hicieron una comida ayer en casa del capitán Berwick a la que me negué a ir. Sí, él se enojó mucho conmigo, que para ser honestos me lo merecía y me sorprende que se tardara tanto en odiarme. Me lo he ganado a pulso. Me da gusto. Es un buen hombre, debe encontrar la felicidad. 

Y todos sabemos que la felicidad y yo nos repelemos la una a la otra. 

Es como la peste. Estoy enferma y soy contagiosa, aléjense de mí. 

Mientras, veré telenovelas viejas para sobrevivir  y espero tener noticias positivas para la próxima vez que algún enfermo novicio lea este blog.

No se preocupe usted, no importa qué tan mal esté de la cabeza, puedo garantizarle que nadie lo sabe y nadie podrá adivinarlo en su cara. Yo sé que es difícil de creer pero es cierto. 
Todos nos vemos tan normales que es ridículo.

viernes, 11 de agosto de 2017

Como si fuera diabetes

Me canso de "echarle ganas". Eso te dicen todos: "hay que echarle ganas".
Tal vez después, ahorita no puedo, de verdad, prometo que lo volveré a intentar pero hoy no puedo. No he logrado salir de la cama en dos días, bueno, ayer lo intenté, iba a ir a clase de pintura y hasta me bañé, hice la tarea y arranqué el coche, pero en el camino me temblaba todo el cuerpo y me empecé a sentir enferma, de repente tuve la sensación de que no iba a poder controlar el coche sobre el pavimento mojado y me regresé antes de llegar a la salida al periférico. Hoy amanecí llorando sin control otra vez y aunque logré ir a la Lumen a comprar unos lápices y aguarrás, en el camino de regreso me volvió a dar un ataque de llanto.  En la mañana me senté con mis chamacos allá afuera a leer algo bonito que me animara, usted sabe, el historial médico de Hitler, pero me dio un brote de llanto y no quise que los vecinos me vieran chillando en la terraza. Esto es ridículo, hasta pensé que tal vez llegué al punto en el que debo cambiar de medicamento y empezar a tomar el mismo que mi mamá. Afortunadamente existe internet y después de revisar los efectos secundarios, decidí quedarme con Wellbutrin, creo que es mejor que otros, al menos estoy consciente. 

Yo sé lo que es, yo sé que es una enfermedad, la he tenido desde los diez años o algo así, igual que sé que no se cura y que no hay forma de que me deshaga de ella, pero conforme envejezco se pone peor, especialmente cuando se complica con los desgraciados días menstruales, entonces se pone insoportable. A veces creo que tengo algún tipo de tumor o quistes o podredumbre en el útero y como jamás he ido al ginecólogo y nunca iré, simplemente me invadirá y para cuando me diagnostiquen lo que tengo será muy tarde y me habré muerto, de preferencia sin llegar a ser internada porque no quiero causarle más gastos a mis papás o a mi hermana. Sí, es una fantasía mórbida pero la disfruto mucho. 

No me puedo mover, ni puedo dejar de llorar y no sé qué hacer.No puedo ver tele, no puedo leer, no puedo hacer nada, ni siquiera quiero comer. Calenté una crema de elote instantánea sólo para no tener el estómago vacío y poder atascarme de todo el Syncol que pueda conseguir, aparte del Wellbutrin, que ya ni siquiera sé si sirve. El Tafil para dormir, o en caso de que falle está el buen Rivotril.

No sé si es la mala combinación de crisis depresiva/menstruación dolorosa y paralizante, pero me puse a pensar en tooooodos los medicamentos y tratamientos por los que he pasado. Me acuerdo de Prozac, claro, Lexapro, Cymbalta, Solian, Litio, Zyprexa, Inveda, Risperdal, Luvox y seguramente hay otros que no recuerdo, que son los oficiales, por supuesto, ya si recordamos el retiro intensivo de hinduistas que me regaló una de las amigas de mi papa (¿en serio, quién paga $5,000 pesos para que te encierren en una habitación a ver el video de un gurú hindú alrededor de ocho horas ininterrumpidas? ¡Ni siquiera había área de fumadores!) o la vez que mi hermana me llevó con  la loca del Thetrahealing que de alguna forma quería curar mi severo e incurable problema químico buscando mi luz interior por $500.00 pesos semanales, la cosa se ve hasta graciosa. Ja! 

Disculpe usted, pero mis hormonas (y mi madre) complican un problema con el que apenas puedo a últimas fechas. Bañarse requiere mucho esfuerzo, masticar es demasiado, a veces ni siquiera fumar amerita el levantarse.  Sólo espero que este bache pase pronto. 

Tengo que aguantar unos días, después llegará el rush de serotonina y me sentiré mejor, espero, en algún punto. 


¡Ahhhhhhh dolor! Y no sólo es el alma, literalmente me duele el útero, las piernas, el estómago y la cabeza. Me duele. 

jueves, 10 de agosto de 2017

Rápido y lejos

A la mitad de mi entrada de entrenamiento en la elíptica, justo cuando me siento enano mal vestido y gordo en comparación de la flacas en late de alrededor, me habla mi ex-jefe. Quiero pensar que sólo era una llamada de cortesía como respuesta a la  reparación de utensilios tras el despido masivo (del que me salvé por pura obra y gracia del síndrome pre-menstrual) pero de cualquier forma tuvo el encanto de recordarme que viene el cumpleaños del capitán Berwick y como la psicópata paranoica que soy hice lo posible por hacerme la occisa, incluyendo el "casi no te oigo" y demás. Es que ese hombre es demasiado peligroso,  no puedo tenerlo cerca. Me refiero al capitán Benwick, por supuesto, es demasiado bueno.  Lo puedo visualizar en su coche gris pasando por la irresponsable y borracha de su novia y regresándola a horas decentes por miedo a mi papá.

No puedo con eso.

Estoy loca, lo sé  y tengo muchos traumas, pero de entrada les diré que tengo toda la intención de pasar este mes igual de románticamente independiente que el resto de mi vida y no quiero arrastrar al pobre capitán Berwick en mi discapacidad.

Tengo que empezar a huir ahora de tal forma que en un mes o poco más me encuentre segura. Al menos eso pensaba cuando regresaba del gimnasio y caí en un bache. Lo único que se cayó fue la taza de juguete que me dio el capitán la última vez que lo ví.

Santa Madre de Dios debo huir. Debo correr lejos y rápido, de lo contrario me habré convertido en un ser que no conozco: una novia!

Tenis abrochados y ropa deportiva puestos.

Go!

Corra doña, corra rápido y corra lejos.

domingo, 6 de agosto de 2017

Game of Thrones 7x03 - Jaime Lannister and Olenna Tyrell

Influencias

¿Saben por qué me envicié con Juego de Tronos? Primero fue Daenerys, en la primera temporada, pero cuando salí corriendo por los libros fue por la frase que se repetía una y otra vez después de la muerte de Khal Drogo: "Si miro hacia atrás estoy perdida". Recuerdo perfectamente haberla repetido una y otra vez cuando daba vueltas por Copilco en los trámites de impresión de tesis. El examen me aterraba y estaba en una mala época de mi vida, diferente a la actual pero igual de mala.

Después, fue la reina de las espinas, Olenna Tyrell. ¿Qué no hubiera dado por tener una abuela así, capaz de conspirar y matar por mí? ¿Quién no aspira a eso? Yo sé que si fuera madre sería capaz de prenderle fuego a ciudades enteras por mis hijos o sobrinos, por eso me volví loca los últimos tres días espiando con los binoculares a la perra feral que llegó al terreno baldío que colinda con mi casa. No se emocionen, vecinos, su vida me vale gorro, quería ver a la perra. Durante días las observe, en especial cuando jugaba o paseaba con su cachorro. Una perra y su cachorro. ¿Hay algo más natural? Tenía que hacerlo, a pesar de la vigilancia de los colonos y la mamonería de los de seguridad (que son muy hábiles para evitar que tus amigos borrachos entren a continuar la parranda en casa pero no se dan cuenta cuando algún desconocido construye escaleras de barro y escombro afuera de tu casa y hacen a un lado la alambrada para meterse e intentar asaltarte, conformándose con vandalizar el coche de tu hermana, después de lo que supongo fue la sorpresa de encontrarse con Fortunato, un perro feroz cuando quiere, y cuando hay pájaros cerca, que nadie creyó que viviera afuera). Le pedí ayuda a mi papá, sí, ya que resolví mis daddy issues. Bien, es un hombre, ha andado con cantidad de viejas toda su vida y a un nivel subconsciente siempre lo he sabido y cubierto  (Elizabeth, Carolina, Martha y la última con nombre de meretriz, Griselda, digo, de las que le conocí), pero entrando en razón y después de lo que fue un proceso muy doloroso, comprendí que sigue siendo el mejor hombre que conozco y que la mentira no le quita mérito, al contrario, me quería proteger y lo hizo de la mejor manera que pudo hasta que la mala suerte le mentó la madre. Lo caché a lo pendejo, ni modo, no fue su culpa ni la mía, fue una estúpida casualidad. Me tomó un tiempo superar el hecho de que me lo negara, me dolía la mentira no el hecho, pero después pensé... ¿qué otra cosa podía hacer, regodearse cínicamente en sus faltas? ¡Pues no! Eso sí que hubiera sido una porquería. El punto es que lo recluté para ayudarme en la aventura. Tenía que encontrar una forma de llegar a los terrenos baldíos donde había estado espiando a la perra y su cachorrillo. No parecería complicado, me había metido miles de veces a dejar croquetas cada vez que aparecía la manada (llegan en temporada de lluvias) a tener a a sus cachorros y descansar, pero después de que los imbéciles de mis vecinos pusieron barda se complicó la cosa (que con lo que le pasó a la camioneta de mi hermana, la pinche barda valió madre, pero bueno...). Empezaron a correr los rumores, al limpiar el terreno de al lado encontraron víboras y otros animales.
Casi me desmayo: ¡VIBORAS! mi mayor temor en el mundo, justo arriba de los leggings blancos con botas negras, las relaciones interpersonales y cualquier cosa sexual. ¡Víboras!  Interrogué a los de seguridad que juraron que sólo eran serpientes de agua, pero de cualquier forma entré en pánico y renuncié a mis labores de traficante de croquetas... hasta ayer.

Los estuve vigilando con los binoculares durante tres días, a la mamá y al cachorrillo. No iba a hacer nada pero ayer (igual que hoy) no podía dormir y después de un montón de Rivotril me fundí en una serie de sueños confusos, cortos y perturbadores de los que lo único que recuerdo era la perra y el cachorrillo, hambrientos. Ayer, por los binoculares, vi a la mamá masticar un pedazo de algo oscuro, tenía la esperanza de que fuera un animal muerto, pero hoy, después de que mi papá prometiera ayudarme  y luego desapareciera por horas, mientras yo me hacía un facial e iba al gimnasio a sentir envidia de las flacas, logré encontrar un camino bastante salvaje al principio en el que me caí bastantes veces (gracias por enseñarme nada, Scouts) y logré llegar al descampado donde los perros suelen pasar el día. ¿Saben qué era el pedazo oscuro que masticaba la perra? Una suela de zapato.

Un zapato. 
Eso habían estado comiendo, un zapato.
Sí, donde la había estado espiando construir una especie de nido con provisiones para su cachorro, sólo había basura y una suela de zapato.
Como indica la ley de Murphy (¿así se escribe?) estuve espiando desde mi terraza con todo y binoculares unas dos horas con la esperanza de verla llegar y encontrar su regalo, pero nada, lo que resultó en frustración y unas ganas enormes de que alguien me pagara el vino. Croquetas y aventuras salvajes para nada. ¡Por favor, que encuentren la comida! Tienen que encontrarla, no pude haber llegado demasiado tarde. ¿O sí? Por eso, sólo por eso fui a comer con mis padres, muy a disgusto de mi mamá que me ve como un estorbo de 32 años para el romance. En su mundo perfecto, mi hermana y yo tenemos cinco y diez años y puede vivir la vida de pasión de telenovela que siempre deseó junto al hombre que no está en crisis de identidad y seguramente siempre quiere bailar tango.  Díganme misógina, vale gorro, pero las mujeres deberían tener más hobbies o al menos leer más.

Hey, güera, si no me hubieras traumatizado tan severamente, ahorita andaría por ahí con el capitán Berwick y bebiendo mezcal con la esperanza de que me mantuviera feliz en lugar de hacerme sentir sucia y destruida, pero me educaste para ser una perra frígida, infeliz e incapaz de albergar confianza y sentimientos, así que no te quejes de que irrumpa en tu "date", especialmente cuando me entrenaste desde los cuatro años para vigilar a mi papá en tu nombre. Me merecía el vino y me merecía la pizza (¡FUI AL GIMNASIO!)

¡CARAJO!

Fue incómodo, desagradable y en cuanto estuvimos de regreso en casa tuve el impulso de escapar. Tenía que escapar y me fui caminando a la franquicia del restaurante de alitas al que íbamos los cuates de la oficina para pedir dos bolas de cerveza más. La cerveza me hace feliz, no sólo por el contenido alcohólico, sino porque el sabor me trae recuerdos. Vivi once días en Praga, Budapest y Viena con sólo el desayuno del hotel y una garrafa de cerveza por sólo unos cuantos euros al día. No tenía que comer pero tenía mucho que comprar, lo que pude probar con la adquisición de unos aretes, brazalete y collar fabulosos que compré con mi presupuesto de comida. Valió la pena. A veces creó que he hecho lo más y mejor posible con lo que me han dado y hay episodios de los que nunca me arrepentiré, pero como dijo mi maestra de pintura en acrílico hace unos días: el peor enemigo del arte es la familia.

¿Sabían que su esposo me pregunto si no le daba pena colgar sus porquerías cuando estaban recién casados? ¡Y es una une artista, más que nada de acuarela, pero es jodidamente buena! Entonces recordé la brutal irrupción que hizo mi madre en mi vida artística (es decir, "quítate, este es mi nuevo mundo y lo voy a gobernar", dejándome recluida en un rincón de mi cuarto, que gracias a mi papa, la canción de Cenicienta y un montón de hermanas de la orden de D&D, significa que sea lo suficientemente hábil para hacer las dos cosas al mismo tiempo pero no haya garantías que vaya a funcionar. 
 Tengo que escribir, para las aplicaciones del próximo año, y tengo que pintar, por salud mental. Los días siguieron  y aunque me amargué, no dije nada, ni siquiera cuando supuso que podía sobornarme para que hiciera su cuadro y así quedar bien con sus amigas. Tengo una urgencia loca de dinero pero de cualquier forma dije que no. Ya estoy  hasta la madre. He llegado a ese punto en el que la única esperanza de futuro es la justicia, el mismo en el que me encontré cuando termine "Festín de Cuervos". En esa época pensaba que todo se trataba de una rueda donde las acciones y sus consecuencias dan vueltas, es decir, mucho antes de que atacara la depresión, donde nada significa nada y cualquier cosa, por atroz o heroica, podría haber sido tan inconsecuente como patear basura en la calle. Ese bien podría ser el  momento en el que estoy ahora y del que no creo salir.


Al final todos vivimos por el amor que tenemos o el que esperamos. En algún lado leí, (fue Palamuck? perdón, no me acuerdo, pero juro que le doy el crédito merecido a quien lo haya escrito), que cuando se deja de esperar el amor, sólo queda esperar la muerte. Justo ahora me sostengo en el amor bastante defectuoso de mi padre y hermana, que si me confiara a mi madre o a su familia, con excepción de la ahora difunta tía Anita, me iría al diablo.

Pero eso ya no puede pasar, si mañana me voy, ni el mismo diablo podrá reclamarme. Tendré la mejor abogada posible: ¡Una esposa de Dios!

Estuve pensando en lo que debería hacer antes de morirme, digo, si fijamos la fecha a corto plazo, y pensé que tendría que averiguar el valor de mis Barbies antes de donarlas a lo pendejo, digo, son una buena colección y por más que aprecie a los de los albergues no creo que las vendan en su justo valor. Tendría que buscar el valor en internet, en especial el de las raras, como la amiga de los setentas de Barbie, Midge y ponerles una etiqueta.

Ya lo pensaré, no ha prisa. Tengo todo el tiempo del mundo.

jueves, 3 de agosto de 2017

La inocencia

Disculpe usted por el tono melodramático del último post, pero como se imaginará tengo muchos problemas afectivos y la tía Anita era una de esas figuras simbólicas que me hacían sentir que siempre estaría a una mano amiga de regresar al rebaño, cortarme el pelo y casarme con Dios.
Me corté el pelo pero nada más y en buenas noticias encontré la medalla que me regaló y que probablemente ella nunca supo que atesoré con mas entusiasmo que el collar de perlas que mi mamá me regaló cuando cumplí 21 años o el juego de collar y aretes con tema egipcio de Michaela Frey que mi papá me regaló sin razón alguna porque él nunca hace nada en conmemoración de nada y tampoco necesita razones para hacer lo que se le hincha la chingada gana, sin mencionar que a pesar de los últimos acontecimientos, la relación padre que adora, valora y consciente a su hija más allá de lo que la desgraciada se merece e hija que justifica y cree en su padre como si en sus manos tuviera toda la verdad de Dios, a pesar de sus fallas humanas, o en realidad, masculinas, se ha restaurado.
La había buscado por todas partes. En el joyero de las antigüedades, en el bueno, en el de perlas, plata, pulseras, tema egipcio, aretes y mueble de colgantes, el de madera, no la especie de cortinaje de collares que arme en mi closet, no. ¡No estaba! Hasta que Dios me iluminó y pensé claramente.

Extrañamente, esa medalla la guardé donde debía, a diferencia de la cruz de brillantes idéntica a la de mi hermana que nos dieron en un gesto cursi que significa que siempre nos tendremos la una a la otra... y nada más, la medalla en verdad era invaluable por lo que debía estar con las cosas invaluables, las que superan en categoría a las pequeñas antigüedades recolectada en Álvaro Obregón y la cajita de clips porfirianos que me regalaron en el archivo. Debía estar en el siguiente emplazamiento.
Creo que lo único que había atesorado con más emoción que esa medalla fueron los aretes que me regaló mi Tita, igual, ella nunca sabrá cómo, qué significó y cuándo di por terminada toda aspiración a su cariño, mucho menos lo que significa el tener en mi poder esos aretes y también su vestido de novia. A ella no le importa, se los aseguro. Es más, hasta me ofreció todos los libros que me pudiera llevar del desván y el traje ensangrentado de mi abuelo, aunque casi todos los libros que había eran de Derecho y mi mamá se negó a que me llevara el traje.

¿Por qué? Porque mi abuelo, el que murió cuando mi madre tenía nueve años, vendió su única posesión cuando se casó con ella para que pudiera tener el vestido de novia de sus sueños; vendió su  bicicleta. Sí, vendió su bicicleta. Tal vez nadie se acuerda porque estábamos muy ebrios cuando le saqué la historia, pero mi Tita me contó de aquella vez en que mi abuelo por fin se atrevió a hablarle. No era conveniente. Ella era la respetable sobrina del cura, con una hermana en el convento y otro en el seminario, o tal vez ya se había ordenado, quién sabe y él era una bastardo que había estado viviendo y trabajando con "¿La Lupe?" No sé, el buen hombre de preferencias alternas que contrario a lo que el padrastro asqueroso esperaba cuando mandó al adolescente a trabajar con el dueño "raro" de la gasolinera del pueblo no sólo no abusó de él sino que le dio educación, lo trató como un hijo y a su debido tiempo le dijo "bueno, ve a ganarte la vida", lo que eventualmente hizo de forma excepcional hasta que murió prematuramente, como todos los hombres buenos suelen hacer. El punto es que mi joven y guapo abuelo (hey, he visto las fotos) la interceptó en la plaza y la invitó a andar en su bicicleta. No fue la decencia y sentido de la propiedad lo que le impidió a mi Tita el dudar su propuesta (no la culpo, mi Tita era gordita y en cambio, mi abuelo era muy guapo... insisto, he visto las fotos y todavía me asombra, digo, era bonita pero rellena), fue el que ese día estaba estrenando medias de seda nuevas. Supongo que nadie más entenderá, tal vez son todos esos libros que no han hecho nada por mí, pero puedo asegurarles que en esa época confusa el tener un par de medias de Nylon era especial, pero tener seda era otra cosa. ¡Se iban a desgarrar! Total que se subió y eventualmente, a pesar de las objeciones de mi "mamá Anita" como la llama mi madre (objeciones expresadas con delicadas declaraciones como: "no vas a mezclar tu sangre con la de un bastardo"), se casaron y el cedió su bicicleta para que las mejores costureras del pueblo le hicieran su vestido. Mi Tita me contó con lujo de detalle el negocio de las hermanas costureras, pero admito que estaba ebria y sólo quería escuchar la historia de amor. Le falta el encaje y extrañamente tiene cantidad de quemaduras de cigarro, pero supongo que son de mi abuelo. 

Tengo un montón de pendejadas que nadie necesita (bueno, yo las necesito cuando debo empeñar, recordemos que me comprometí a ser madrina de un albergue de animales abandonados y estoy desempleada) pero en realidad tengo pocos tesoros. (Nota: si va a empeñar, recuerde, lo que vale es el oro, ni se le ocurra llevar grandes perlas o mamadas así porque lo van a mandar al diablo. ORO... y que pese).

Fue ahí cuando me acordé. Claro! Si es un tesoro, debe estar en mi pequeña caja de tesoros (sí, suena cursi pero no me importa y cállense, todos ustedes la tienen). Estaba en la cajita que me regaló Fanny,  la que guarda un mechón de cabello de Rito y una nota de la misma Miss Price, donde una cita de Jane Austen dice: "The absolute necesity of seeming like herself produced then an inmediate struggle; but after a while she could do no more". En la cajita azul cobalto con flores doradas acompañan al mechón los escarabajos que traje de Egipto y encima, una pequeña antigüedad que encontré: un pastillero con la portada de "El Castillo de los Cárpatos" de Julio Verne y a últimas fechas, la perfecta y entera concha que encontré en el mar de Holbox, segundos después de haberme casado con él. Yo sé, suena extraño, pero yo lo tomé como prueba de nuestro compromiso porque es enorme y perfecta. ¡Es increíble y la encontré nadando, con los pies! Estaba ahí, justo bajo mis pies.
El resto de la caja lo compone la hawaiana de Waldo's que siempre llevé como amuleto de buena suerte, incluyendo como único primer adorno de mi primera oficina, una pequeña cajita pintada por Jane, cuando soñábamos con hacer un negocio de muebles y artes, el gafete de mi primera ponencia, los trozos de obsidiana y cerámica que me regaló Fanny y un porta... ¿labial? no sé cómo le dicen hoy en día que compré en una tienda de la Condesa en la que me detuve por casualidad algún día en el que me perdí y buscaba direcciones.

¡Obviamente estaba ahí! La encontré y por alguna razón, la vida parece retomar su curso. Me la puse otra vez para hacer mi peregrinación a la ciudad con el puro objetivo de aprender a pintar como Dios manda y no como Dios me dio a entender. 

Precisamente me encontraba en ese proceso, cuando la amable maestra preguntaba si alguien sabía de un departamento diminuto para su hijo fiestero sin redención. De alguna forma la conversación degeneró y alguien comento algo sobre alguna cantina... ¿alguien conocía alguna cantina? Entonces la vecina de mi doctora dijo "ay no digan eso, que vamos a asustar a Jimena" y yo me boté de risa, pero no sólo una risita nerviosa, una risa loca. De repente descubrí que mi psiquiatra permanecía concentrada en su pintura sin decir nada mientras la maestra y la otra señora me decían "¿o a poco conoces alguna? ¿hay alguna por dónde vives?" y se reían por lo ridículo de la idea. ¡YO! Tan calmadita con mi cara de ñoña.  La risa volvió y les dije: "No conozco cantinas porque la cantina soy yo" y todos volvieron a reírse menos mi psiquiatra.

Entonces recordé lo que la becaria del Sr. Benwick me dijo alguna vez: "te ves muy inofensiva". Tal vez tenía razón. "Me veo". ¡Esas señoras no saben quién soy!
Me quedé pensando con una sonrisa en aquella vez que mi papá y yo nos seguimos la comida del Raphaello's en  la Polar o el horror de encontrar una pata de pollo en el caldo del día de la cantina del Centro, la que está enfrente de la antigua Cámara de Diputados y cuyo nombre nunca he podido dilucidar, alternando música con Miss Lucas en la maquinilla de las canciones. Ese incómodo momento en el que el mesero se acuerda de ti en la hora feliz:
"¿Lo de siempre, chicas?"

Sí señoras, soy y siempre he sido completamente inofensiva. Vamos a pintar y tal vez, después y si nos da tiempo, bordaremos un poco.

¿Por qué? Porque en esta mesa no hay ningún réprobo. ¡Mucho menos yo!



P.S
¿O será que les contó? De pronto, en mi imaginación, mi doctora cita mi caso como si fuera una de las muchas anécdotas que tiene y suelta mi nombre... pero no he faltado a ninguna clase. ¿Cuándo? Tal vez estoy enloqueciendo pero era cuestión de tiempo antes de que me lo tomara personal porque obviamente estoy enferma y todo es personal. ¿Sería personal? ¡Lo saben! ¡Saben de mi capacidad para tragar licores como si fueran jugo de frutas! No, no habría razón. Podrían criticarme por cualquier cosa antes de que mi psiquiatra de  traicionara. ¡Lo haría, ya lo comprobé! Pero al final todos son habladores y traidores que te dan la espalda en cuanto se vuelve agradable y conveniente. Perdón, pero mi desconfianza crónica ataca en momentos extraños. Las personas pueden parecen espontáneas y malintencionadas en momentos al azar sin serlo realmente. ¿O tal vez lo son? Por un momento creí que no los comentarios no estaban dirigidos a nadie pero conforme avanzaba por el estéril camino del segundo piso del periférico las dudas se fueron agolpando y ahora me pregunto seriamente si debería cambiar de psiquiatra. Tal vez sería lo mejor pero empezar de cero es demasiado y no sé si pueda con todo lo que supone. Es que es demasiado empezar otra vez. Información, información, información. Todo en tres. ¿Lo habían notado? Es el número perfecto, no por nada es el número de la santísima trinidad. ¿Qué tanto saben? No sé qué tanto saben.
Me estoy volviendo loca.

sábado, 29 de julio de 2017

viernes, 28 de julio de 2017

Las pasionistas

No habían pasado más de dos horas cuando escuché:
Mi tía Anita estaba muerta.

Mi tía Anita, la monja pasionista, la única que me detuvo en el segundo piso de la casa de mi abuela cuando creía que nadie, ni siquiera Dios se acordaba de mí, para  recordarme que Dios siempre cuida de los que están más solos. Recuerdo haber estado sola, sola,  angustiada y vestida con un vestido blanco de Ferrioni a los diez o tal vez once años, cuando mi abuela/Tita declaró que estaba loca, que era una niña rara que necesitaba ayuda, pero ella, en cambio, me esperó en el pasillo con una medalla de la Purísima que ahorita no logro encontrar.  ¿Dónde está,? ¡No la encuentro! Fueron unos segundos pero yo sabía que podía contar con su camino.Era la esposa de Dios y siempre podía seguirla si tenía suficiente fuerza de voluntad y valentía. Nunca la tuve. Soy vanidosa, cobarde y holgazana. Ya no más. Recuerdo cuando estuve jugando con ella y mi abuela. No estaba jugando realmente. De verdad, le juro a usted, mi desconocido lector, que le estuve dando vueltas al asunto en mi cabeza: ser la esposa de Cristo. Al final me iría, me iría con ella con ella a Aguascalientes y la ayudaría a hacer cuentas en la tienda del convento, beberíamos rompope y venderíamos buñuelos, porque fue la única que me abrazó y me recibió como obra de Dios cuando el resto de su prole me hizo a un lado como la loca, hija de la más loca que nadie debía escuchar. Cuando mi tita, mis tías, el mundo, etc., me dijeron que estaba loca y no valía la pena, ella me abrazó y me dijo que igual que mi descarriado padre, era una de las hijas más humildes y más queridas de Dios... y le creí. El problema es que no la encuentro. Yo sé que era una baratija. Chingada madre, no la necesito, pero el no encontrarla me rompió lo que me quedaba de corazón. Ya no tenía mucho. No importa. Ya nada importa. Mi tía Anita está muerta.

Ya... ¿qué me importa? No me importa. Nada me importa. Está muerta. ¿Cuánto vivió? ¿105 años? Y a mi bisabuelo lo mataron en el granero y sus hijos fueron repartidos. Mi tío abuelo fue al seminario, mi tía Anita al convento y mi Tita a vivir con su tío el señor Cura, donde vendía las sobras de las hostias para comprarse zapatos de charol y botones. ¿Sabían que mi hermana y yo somos las únicas de la familia que no fueron bautizadas por el "tío Beto"? No valíamos lo suficiente, supongo, las hijas de la loca  y el rojillo.

 Pero a ella no le importaba,fue ella la que convenció a mi abuela/tita de perdonar a mi mamá por largarse con el greñudo comunista, la que la convenció de conocer y acepar a mi hermana. ¡Fue ella! Siempre estaría ahí. Ya no la tengo.
Yo sé que siempre había negado haber sufrido alguna pérdida, bien... ya la sufrí. Cualquiera que quisiera regodearse en mi sufrimiento puede darse una vuelta. Mi tía Anita está muerta a los 105 años y a diferencia de otras ascendencias no supo lo que era el egoísmo, la mezquindad o la violencia. Ella fue una una buena esposa de Dios, siempre se ocupó de los desprotegidos y era conocida por quitarse los zapatos para dárselos a los pobres. ¡Y eso era un problema para mi abuela! "No le den nada porque lo regala".

Y lloro y me duele aunque nadie lo entienda porque era una buena mujer, era una monja, pero supo llevarlo con caridad y decencia. Fue la la única en esta puta familia de erguidos, interesados, mezquinos y malos cristianos que supo quitarse los zapatos para que alguien más necesitado los usara. Mi madre intentó convencerme de que no era lo que recordaba... pero no funcionó.

De todas las monjas que he conocido,ella me enseñó que Dios siempre cuida del más desprotegido y del mas necesitado, desde el pájaro más humilde hasta el hombre más poderoso, si es que lo merece.




Nunca lo merecen.

Tía, te equivocaste. Ningún ser humano se merece la piedad de Dios, sólo su exterminio. Por suerte, ella ya no estará aquí cuando pase.


Tía, por favor, intercede por mí,como la hija loca de tu sobrina loca, la que todos temían y nadie entendía. Te lo suplico en nombre de Santa Teresita de Lisieoux, de Santa Catalina de Siena y Santa Filomena. Cuando mataron al bisabuelo y Dios te dejo sola en el convento, sé que debiste haber  hecho los méritos suficientes para ser una esposa digna de Digna de Dios. No me olvides, tía.

Por favor, no me olvides.



Las florecitas de San Francisco

Es oficial... me quedé con exactamente $300 pesos en la cartera, pero me lo merezco y aunque estoy severamente preocupada porque ni mi psiquiatra ni el Wellbutrin, ni el Rivotril ni el Tafil ni los cigarros son gratis, lo gasté estúpida pero noblemente. Di buenas propinas, pagué cuentas veterinarias y semanas de alimento para los albergues de mi predilección, me corté el pelo con el sujeto más elegante que encontré en Satélite, vestí a mis hijos, amueblé mi terraza, repartí entre los indígenas de la Sierra que... algo, no sé y los jóvenes estudiantes que venden cocas a beneficio del cunero de Naucalpan (o algo así) y me atasqué de todos los libros que pude cargar en las librerías de viejo de dolores, si, like a Rockstar! Digo, no fue dinero que disfrutara ganarme, me lo fueron dando como si me hicieran un favor y no trabajara como esclava en pendejadas durante once horas y media todo el día y muchas veces me hicieron esperar hasta cuatro meses antes de que yo misma tuviera que atacar al hijo de puta responsable para reclamarle su explotación. Sobre el dinero que me dio mi hermana, bueno, eso viene de su trabajo bien ganado, hasta ahí es noble, pero en una segunda instancia viene de políticos y de ahí, de la gente, la que de verdad se rompe la madre, por eso, tampoco me arrepiento de todas las propinas exageradas ni los precios que acepté sin regateo cuando estuve en Holbox: Gente, al final de cuentas era su dinero.

Hace unos minutos acabo de gastar todo lo que me quedaba en el San Francisco de Asís de cantera, con la imagen esculpida de Rito, el perrito callejerito, sentado a su lado, misma que custodiará sus pequeños restos y ¿saben qué? I REGRET NOTHING, BITCHES!!!

De hecho, mi estado económico actual me ha impulsado a pintar de nuevo y con mayor entusiasmo que nunca, mi meta es hacerlo al menos tres horas y media al día, porque digo, creo que ser artista es la única profesión donde es válido ser un muerto de hambre alcohólico.
Total, como decía mi bisabuela Dolores: "el dinero es redondo pa' que vuele y de papel pa' que vuele". Total, siempre estará ahí el Monte de Piedad. 

viernes, 14 de julio de 2017

Pintar por números

Buenas tardes, mi querido lector, espero que tenga un día divino. Estoy aburrida mortalmente y todavía faltan dos horas para que empiecen los Simpson. Bien, les voy a contar algo gracioso, lo único interesante que ha pasado y eso porque me dio mucha risa ayer. Desde que renuncie y quedé libre de la esclavitud me dejé convencer para ir a unas clases de pintura con mi psiquiatra, o en realidad, en casa de mi psiquiatra. Está divertido, hasta eso las señoras son simpáticas, aunque la maestra haya destruido mi arrogancia cuando me hizo borrar todo mi dibujo de Van Gogh (que lo admito, lo hice a mano alzada el mismo día) y repetirlo con cuadrícula. Y yo que me sentía muy mamona. No sé, eso de dibujar y pintar con medidas y reglas me angustia. Repetirlo se me hizo eterno y ahora me siento como si estuviera pintando por números, como una especie de criatura incivilizada.

El punto es que ni la maestra ni las otras señoras saben que soy paciente y no dudan en hacer bromas sobre "los locos" de "la doctora" todo el tiempo. "Ay doctora, las cosas que ha de ver" o "a esa amiguita la deberíamos mandar con usted doctora", etc. Yo no digo nada, nomás me río y a veces, cuando mi psiquiatra cuenta la anécdota jocosa de algún paciente me pregunto si contará las mías con otras personas. La verdad es que sí tengo episodios muy singulares. 

La verdad no me ofende, es más, se me hace divertido pasar por "normal", como una amiga historiadora que ayudaba a su hijo con la tarea, que si lo hacía, entonces, no es una mentira del todo. Total, nadie tiene que saber dónde y cómo nos conocimos.

"Oh sí, nos conocimos en su consultorio del Hospital cuando estaba en medio de un brote psicótico que me tuvieron que bajar con zyprexa."

FUN!!!

Ahhh, ahora el problema es que intento pintar, con óleo, como siempre y no con acrílico, y no puedo dejar de pensar en todas las reglas locas del tipo "la distancia de los ojos a la frente y la de la boca a la nariz", etc.

¡Así no se puede, chavos!

sábado, 8 de julio de 2017

Pegote de cera

Ayer me pasó una cosa de lo más curiosa. Verá usted, debido a la desgracia en la que se han convertido las librerías más cercanas, me di a la tarea de regresar a mi hogar... sí, el centro, donde ancianos desconocidos te saludan, puedes sentarte a fumar sin dar explicaciones y recordar todos esos momentos felices de la juventud que se requieren en los momentos difíciles. También disfruto enormemente el paseo en camión y metro (ya lo sé, suena extraño pero yo lo encuentro perturbadamente reconfortante). Precisamente estaba en mi lugar usual al final del camión, donde en caso de asalto hay menos probabilidades de que me maltraten, cuando pasamos cerca del mercado de Naucalpan y vi correr por la calle para atrapar al camión a una cara conocida. Claro, la reconocí porque visité su casa miles de veces, aunque me costó trabajo recordar su nombre, después de observarla con discreción un rato me acordé, quién era y de dónde la conocía: Olguita.

Era un joven rubicunda y alegre que trabajaba en un salón de belleza (o sea lo que sea que se le parezca) cerca de mi casa. Era muy buena depilando y eventualmente, a causa de las crueldades laborales de los patrones que explotan a sus empleados, decidimos ir a su casa o ir por ella y llevarla a la nuestra para que nos depilara a las tres en serie. 

No hay más historia, eventualmente mi mamá la odió como llega a odiar a todas las personas que conoce y la acusó de ser una "conchuda" y "abusar" de nuestra amabilidad cuando le pidió ayuda a mi hermana con un problema que tenía. Verán, ella, su mamá y hermana se dedicaban a coser, algo parecido a la maquila para una señora, que después del trabajo entregado no les quiso pagar. Mi mamá le pidió ayuda a mi papá que le pasó el número de un abogado amigo suyo que asustó a la señora lo suficiente con una llamada como para que les pagara. ¿Qué les digo? Mi mamá la odió desde entonces y al igual que Elena, la manicurista que cometió el error de preguntarle si quería ser la madrina de pastel del bautizo de su bebé, desapareció de nuestras vidas.

Me caía bien y me dio gusto verla tan alegre como siempre, sonriente y platicadora con la anciana que la acompañaba, asumo que su abuela. Sólo se pintó el pelo de rojo lo que considero que fue error porque se maltrata mucho, lo que me recuerda:

Sospecho que voy a tomar un estúpida decisión sobre mi cabello pero hay algo que me atrae y no puedo combatirlo. Lo tengo tan largo que ya puedo cortar cómodamente una trenza de los 30 cm necesariospara donarla. 

Mi mamá dice que no lo haga, que me voy a sentir muy mal, pero diría Cersei: "el cabello crece".

lunes, 3 de julio de 2017

Soy de titanio!

Bien, después de tomar un vuelo de dos horas, un ride de otras dos horas hasta un pueblo pesquero y un ferry de media hora para llegar a la isla más lejana que logré encontrar con ayuda de internet, lo pensé, pasé casi todo el día metida en el mar (con excepción de las horas dedicadas a dos novelas chafas pero entretenidas y un montón de cervezas) y me armé de valor para soltar el discurso necesario, despreciable y censurable, pero necesario: "Seamos amigos, eres el único que tengo".

Con ese problema despejado, ya podemos dedicarnos a lo importante, ya saben, a lo que nos hace felices, no los planes de venganza en contra de la humanidad que se purgan fastidiando a un buen hombre, es que de veras es bueno, no merece que nadie juegue con él. 

Alguna vez creí que nunca disfrutaría más un programa de televisión que Arrested Development, de hecho, el que Netflix lo renovara para una temporada más fue la única razón por la que lo contraté en un principio, pero he descubierto algo maravilloso que me ha hecho increíblemente feliz: Unbreakable Kimmy Schmidt! Ya me terminé todos los capítulos disponibles, es que el hotel no tenía tele y el día es muy largo para nadar todo el tiempo.


Ha sido un viaje maravilloso. No les voy a mentir, por un día o dos me tomé en serio el mudarme a Holbox, pensé en mi primo que vivió en Tulum un buen rato, consiguió trabajo y se las arregló solo, sin ayuda, entonces, en un arranque de valor dije, "damn, nada me ata a ningún lado, podría dar clases en la única secundaria o preparatoria de este lugar y regresar a mi casita maya al terminar el día a abanicarme frente a la puerta abierta y salir a pasear a mis hijos al amanecer". Los podía ver retroceder aterrorizados de la orilla del mar, una larga línea de conchitas y pedazos de caracoles, hasta que se acostumbraran al agua y el calor los convenciera de mojarse un poco, como el resto de los perros del lugar. ¡Era perfecto! Una especie de paraíso sin mezquindad ni presión ni rechazo injustificado a los padres consagrados a sus perrihijos. Vaya, mi hotel permitía perros, hasta tenían su propio bar con un par de tapetes y grandes platos de agua, claro, supongo que estaban pensando en perros extranjeros educados y elegantes, no la banda de criminales que tengo.

Hubo ataques de pánico, no lo voy a negar, pero flotando en el mar, con la cabeza apenas sobre el agua, era muy feliz. Detesto quedarme en la playa, en verdad nunca entenderé por qué la gente pasa el tiempo echada en la playa, tostándose en la arena. ¡El mar está enfrente, imbéciles! ¿Quién en su sano juicio prefiere tostarse, llenarse de arena y ser devorado por los mosquitos en la playa cuando enfrente está el mar? Sí, aunque las playas sean de arenas blanca y perfecta,  no lo entiendo.

Al final, después de pedir informes en unos tres... o cuatro lugares, descubrí que el encontrar hospedaje era demasiado caro pa' mí, es decir, si quería encontrar un lugar dónde mudar a mis hijos, sin mencionar que mi búsqueda de empleo tampoco fue satisfactoria. Extrañaba demasiado a mis perros, ni siquiera podía dormir bien, tuve que ponerme un cojín en el estómago y uno sobre los muslos para equilibrar el peso que suelen significar Mina y el chaparrito dormidos para conciliar el sueño. No puedo estar sin ellos. 

En algún momento tenía que regresar y el tener a mis hijos en brazos (o una sentada sobre mi garganta mientras otro me ladra y alguno me muerde como si fuera una carnaza) me recordó que mi lugar está con ellos. No me iré, no si no puedo llevarlos conmigo, son todo lo que tengo y todo lo que quiero. Sí, cuatro perros, una encontrada en el estacionamiento de un Superama, uno salido del terreno baldío de al lado, otra rescatada de la basura y uno chiquito comprado con defecto genético y sarna en +Kota. Todos somos pequeños monstruos anormales y así seremos felices.

We are the underdogs!

Y nadie va a cambiar eso.

miércoles, 21 de junio de 2017

Conclusión

Al carajo, me compré una bolsa de playa y me voy a Bacalar... cuando regrese, todo estará bien.

UPDATE: Escapé lo más rápido y lo más lejos que pude, terminé en Holbox y decidí casarme con el mar. Sorry, no hay espacio para hombres en mi vida, soy una mujer comprometida. Sólo me hacen falta mis hijos, los extraño mucho, pero sé que serían tremendamente felices aquí.

Ya está, no volveré.

lunes, 19 de junio de 2017

Pregunta de lo más seria

Disculpe usted, mi querido lector, pero tengo unas cuantas preguntas y ni la inútil de Miss Lucas, ni mi hermana, ni mi psiquiatra, me han podido contestar:

¿Qué diablos se siente estar enamorada?

Verán ustedes, me encuentro en una situación algo comprometida con el Capitán Berwick (¡MI VIRTUD Y DECENCIA ESTÁN INTACTAS, MALDICIÓN, NO PIENSE TAN MAL DE MÍ!), que  me besó y dice que me quiere a lo que claro, yo también le dije que lo quiero, pero sé que lo quiero tanto como quería a mis amigas, las doñas, bueno, no realmente, porque no podía vivir ni un día sin ellas y ninguna de ellas me dio un beso, jamás, pero extrañamente mi dependencia emocional hacia mis amigas, a las que comparaba con las tres gracias, era de lo más importante y si no fuera porque no puede haber tal cosa como la amistad entre un hombre y una mujer, básicamente porque ellos son animalitos que quieren atacar todo, diría que es mi único amigo, aparte de mi psiquiatra, aunque también tendría que admitir que desde que renuncié he podido vivir perfectamente bien sin él. No obstante, lo quiero, no como las novelas de la adolescencia me enseñaron que se suponía que era el amor, pero claro que le tengo afecto... ¿qué hago? Hasta el momento parece que somos un "ítem", aunque llevamos dos años siéndolo, hasta que se le ocurrió, me gusta pensar que en el colmo de la embriaguez y la nostalgia, soltarme un discurso en el que me extraña y me quiere y le dije que sí, yo también lo quiero (¿a quién engaño? Ya nos habíamos soltados un "te quiero" y un "te extraño" en pleno uso de nuestras facultades, que sí lo quiero pero no como él quisiera, creo), lo que es mitad cierto porque estoy muerta y no siento nada por nadie. ¿Saben por qué? Porque estoy loca y severamente traumada.

¿Cómo se sabe cuándo estás enamorada? Claro que lo quiero, es un buen hombre, the ultimate nice guy, casi un feminista, o al menos a nadie le había importado tanto un carajo hasta que lo conocí. Es maravilloso saber que a alguien le importas, que va a sacar la cara por ti y que te abrazará cuando sufras pero mi capacidad de corresponder a dichos sentimientos e impulsos digamos que es... ¿dudosa? Tengo muchos traumas y todos son productos de las monjas, si no me propone matrimonio mañana, me sentiré la peor mujer del mundo y eso que sólo fue un inocente beso. ¿Qué diablos es el amor, qué se siente, cómo lo diferencio? ¡No lo se! Puedo enumerarles una cantidad de cosas, lo que me ha traído de cada viaje y lo que le he traído a él. ¿Eso significa algo? Por el amor de Dios, díganme, qué se siente, porque no lo he visto desde el jueves y he hecho todo lo posible por evitarlo, pero lo realmente preocupante es que... podría vivir sola siempre y estaría bien.
No mentiré lo peor es que no tengo ni un sólo amigo que me entienda. Miss Lucas se cagó de risa de mí en el teléfono mientras yo lloraba (claro, su pendejo es un abusivo golpeador, por eso entiendo que esté tan contenta con que el capitán Berwick , sí, hablamos de la mujer a la que su novio la golpeó el sábado como un animal, supongo que cualquier bestia se ve mejor en comparación, vaya, hasta me da pena-gusto que le de gusto) cree que estoy cagadísima. Mi psiquiatra está hasta la madre y mi hermana ya se hartó de mí, no puedo confiar en nadie más. 

Sólo necesito que alguien me diga, ¿lo amo o sólo lo quiero porque es el primer amigo genuino que tengo? ¿O es genuino? Es un buen hombre, no se merece que sea mala con él sólo porque tiene un gusto extraño por las mujeres mentalmente desequilibradas. ¿Y si hago como si todo estuviera casual y normal? Dio, no puedo.

Me estoy volviendo loca. 
Tengo que escapar. Lo malo es que el boleto a Casablanca, Marruecos, está muy caro.
Tengo que huir y tengo que hacerlo rápido.

Sólo díganme cómo es para saber si debo seguir con este tremendo error o esperar unas semanas antes de soltar mi discurso: No eres tú, soy yo.
¡Alguien, dígame algo!


P.S

¿Es que no lo vi? Sacaba mis facturas, me trajo un Automóvil de Homero, el coche rosa de Homero, miles de libretas de los Simpson, un dispensador para mi te´, un abanico de recuerdo de la boda de su hermana, pintado por su mamá, alebrijes, chocolate y café de Oaxaca: Soy una imbécil. Lo soy!!!

domingo, 28 de mayo de 2017

Frozen (adiós gafete)

¿Qué creen que hice? Renuncié. Finalmente, renuncié, hice un berrinchazo en la última de sus chingaderas y de ahí me agarré para largarme como un Rockstar. 

 Me sentí Jon Snow:

Mi guardia terminó, perras.

Y después solté el micrófono.

Extrañamente, los primeros días cantaba de felicidad pero después de una semana o algo parecido empecé a sufrir una crisis de identidad muy parecida al duelo. De pronto me faltaban los descansos de tabaco, a las once y a la seis con el capitán Benwick, el dispensador de agua para hacerme té, saludar a Dianita (la estudiante de Economía que pasaba a recoger la basura tres veces a la semana),  a Cesar, el becario que fue mi único usuario por casi un mes, mi biblioteca, bañarme regularmente y... bueno, nada más, pero el caso es que pasé por las etapas de negación, ira y todo lo demás. ¿Qué diablos? Lo que me sorprende es que haya aguantado dos años y dos meses, ese lugar está a punto de colapsar. No sé qué me pasó, tal vez la incertidumbre, pero hasta mi psiquiatra llamó a otro psiquiatra para que me examinara y opinara sobre el medicamento que debo tomar. Los dos querían que tomara el mismo antipsicótico que mi mamá.
De repente, estaba parada en la farmacia con dos recetas y me quedé pasmada. Estaba lloviendo y yo seguía cansada y aturdida por haberme metido en unas clases de pintura con acrílico en la casa de mi doctora, dos horas después de mi consulta, lo que resulta en que me paso horas en el tráfico cuando ya me había acostumbrado a no manejar más de media hora al día desde hace dos años. Sonó mi turno y extrañamente no me animé a sacar la segunda receta, la idea de tomar el mismo medicamento que mi mamá me horrorizaba. ¿Por qué? ¡No lo sé! Como resultado, decidí limpiar mi sistema de trancazo, lo que fue una idea estúpida y sólo resultó en más ansiedad e insomnio.
Fueron días malos... pero, como siempre sucede entre los enfermos mentales, la felicidad sólo está a unos días químicos de distancia.  Oh, bueno, adiós gafete, te voy a extrañar. Volví a tomarme el Luvox, como persona decente y con ayuda del tafil he logrado ser una persona más o menos funcional que alimenta a sus perrihijos con puntualidad, puede sentarse a leer sin tener ataques de pánico y hasta cumple con sus obligaciones sociales. Si, hasta cumplí con mis obligaciones sociales, lo que hoy me permite dedicar mi tarde a las cosas que realmente importa (en este mundo tan fuera de control, hay que mantener nuestras prioridades claras):

1.- Observar sin fin capítulos viejos de The Walking Dead, perdón, quise decir: observar los brazos de Norman Reedus en capítulos viejos de The Walking Dead. ¿Los han visto? Son la imagen más bella con la que podría morir un ser humano, como un amanecer o un cachorrito recién nacido saliendo al mundo.

2.- Preocuparme continuamente por qué diablos le harán a mi amado Gendry en la 7ª temporada de Juego de Tronos. Es que no confío en ese par de perras conocidos como D&D, son capaces de destruir cualquier cosa, vean lo que le hicieron a Dorne. ¿Qué podemos esperar de ellos? Mamadas, es más, le tengo miedo a la próxima temporada. No sé si pueda soportarlo. He invertido casi diez años de mi vida en esto, maldita sea. También me ha pasado algo muy raro con Juego de Tronos, desde que Miss Crawford y su hermana se volvieron "super-mega-fans" prefiero no hablar del asunto. Me irrita ver sus demostraciones de emoción desaforadas. Ay, por favor, un verdadero fan hubiera salido corriendo a buscar los libros después del 5º capítulo y ya los hubiera devorado, digo, es imposible no hacerlo y Miss Crawford tiene una de mis copias del primer libro desde hace más de dos años y no lo ha leído, lo bueno es que tengo tres juegos más. Su afición, tomada tan a la ligera, me ofende. Si fueran verdaderos fans, no sólo hubieran leído los libros al menos dos veces y subrayado las profecías para compararlos con eventos, lineas de tiempo y procesos históricos (por cierto, encontré el nombre de "Gerion" en una crónica de los primeros reyes de Britania que no sé dónde chingados puse y no les puedo decir exactamente cuál es pero que me emocionó como una adolescente en su primer concierto de Boy Band), también tendría sus propias teorías de la conspiración, hablaría al menos tres palabras en Dothraki y habría dedicado y/o instalado al vez un par de anaqueles exclusivos para la saga con todo y memorabilia, ediciones ilustradas y especiales, libro para iluminar, juego de mesa, Funkos, Historia de los Siete Reinos y tal vez, sólo tal, una corona Baratheon para cosplay. Lo que me recuerda, mi Margaery Tyrell no ha llegado. Amazon es una mentira, la ordené hace más de un mes. Disculpen, perdí el punto. Lo que importa es que a diferencia de cuando se envició el Capitán Benwick, que es el mejor cómplice de televisión que una persona pudiera desear, la afición de las Crawford es forzada y superficial, no me gusta y me irrita. ¿Acaso se pondrían una camiseta de Spock alrededor de trekkies? No, no lo harían, porque es buscarse un golpe en la cara.  ¡He dicho!

3.- Lo que realmente quería contarles (es más, si quieren saltarse todo lo anterior pueden hacerlo sin problemas), es una extraña sospecha que me atacó hace unos días y que hoy confirmé como un temor que se quedará conmigo para siempre: ¿Qué clase de ropa interior usan los hombres de gimnasio? Yo sé que suena extraño, pero hace unos días (porque ahora que soy libre puedo dedicarme a hacer cosas frívolas como hacer ejercicio y leer tirada en el pasto con mis perros al atardecer) estaba luchando por bajar las lonjas cuando observé una pareja de esas que viven en el gimnasio. Imagínese usted, él, un sujeto tatuado (no en el buen sentido, uno creería que los tatuajes no pueden no ser atractivos, bueno: ¡Sorpresa!), con una de esas muscle shirt flojas que cuelgan de su musculoso cuello como si fueran los tirantes de una blusa halter, de preferencia en colores fosforescentes, man-bun y ¿mallas, leggings, lo que sea?, más ajustados que los míos, obviamente todo en lycra. ¿Ya tenemos esa imagen? Bien, ahora colóquelo junto a una joven en atuendo de ejercicio perfecto a la que supervisa con atención. En un momento así me pregunto cómo putas le hace ella para verse tan tranquila y feliz mientras yo estoy escupiendo flemas y tal vez el alma después de ocho minutos en la escaladora, si le agregamos la faja y la tanga que se transparenta debajo del atuendo, la incógnita sólo se hace más grande. Hasta ahí era una de las ocurrencias normales, hasta que noté que los pantalones de él estaban más apretados que los de ella y lo único que se me ocurrió fue esto:




Ya sé que les parecerá extraño pero de verdad me pregunto, ¿su ropa interior es más pequeña y delicada que la mía? Sí, probablemente. Lo peor es que desde entonces cada vez que voy a gimnasio me da por comparar los pantalones. Por favor, no me juzguen, pero ya van al menos tres veces esta semana que cuando me siento en el aparato ese para bajar la panza cervecera me quedo pensando en qué clase de comodidad les puede proporcionar un atuendo semejante y cómo lograr desplazar tanto peso en ropa tan pequeña y extendida haciendo saltos kilométricos y otras acrobacias. ¿No se sienten sofocados por sus propios pantalones? Bueno, si es que a eso se le puede llamar pantalones y no mallas de bailarina de ballet, en toda su fabulosa variedad. Sí, he visto mallas en colores fosforescentes, con estampado de cebra, flamas y psicodelia, lo único que falta son unos malditos polka dots! 

¿Qué pasó con la hombría? 

Al salir, me encuentro con la barbería que pusieron en el local donde solía estar mi spa de preferencia y sufro, de verdad sufro. ¿Dónde están los hombres? Y no, no me importa que ese lugar use botellas vacías de Jack Daniels como recipientes y floreros, eso no hace su labor más masculina. 
Es más, me pregunto si me harán manicura gratis si les llevo una botella vacía. 
¿Así funciona? ¿O les ofendería mi olor tabaco y sudor?
Espero que esta extra fijación desaparezca pronto, pero por el momento tendré que dejar de ir al gimnasio al menos hasta el miércoles, no es que sea floja (sí, sí lo soy), pero en mi defensa mi mamá ha decidido usarme como asistente personal desde que estoy sin trabajo y tengo más obligaciones que antes, claro, puedo hacerlas en menos de tres horas, a diferencia de las once horas y media que me consumían el alma, pero a final de cuentas son obligaciones.

Con su permiso, debo ir a lavarme los ojos con imágenes positivas, con suerte en un par de días volveré a ver el mundo con algo de paz.

Es que, ¿cómo lo logran?..

No lo sé.



jueves, 23 de marzo de 2017

¡Qué hermoso salvar la vida de alguien!

He leído muchas cosas muy extrañas en mi vida, pero ahora sí que me quedé pasmada. Mire usted:

Desde lo alto de la roca, el hombre de la saliva salobre se lanza al mar y nada hacia la alfombra agradablemente coloreada [nota: coloreada por la sangre de náufragos devorados por tiburones], llevando en la mano ese cuchillo de acero que no lo abandona nunca.
Ahora cada tiburón tiene que vérselas con un enemigo. Avanza hacia su fatigado adversario y, tomándose su tiempo, le hunde en el vientre su aguda hoja. La ciudadela móvil se libra fácilmente del último adversario... Se encuentran frente a frente el nadador y la hembra de tiburón, salvada por él. Se miraron a los ojos durante unos minutos; y cada uno se asombró de encontrar tanta ferocidad en las miradas del otro. Giran en redondo nadando, no se pierden de vista y se dicen a sí mismos: "Hasta ahora me he engañado; he aquí uno más malvado que yo". Entonces de común acuerdo, entre dos aguas, se deslizaron el uno hacia el otro con mutua admiración, la hembra de tiburón apartando el agua con sus aletas, Maldoror batiendo las olas con sus brazos; y contuvieron su aliento, en profunda veneración, deseosos ambos de contemplar, por primera vez, su vivo retrato. Llegados a tres metros de distancia, sin hacer ningún esfuerzo, cayeron bruscamente el uno sobre el otro, como dos imanes y se abrazaron con dignidad y reconocimiento, en un abrazo tan tierno como el de un hermano o una hermana [Ok, todo bien hasta aquí... digo, si quitamos la salvaje masacre y el consumo de carne humana]. Los deseos carnales siguieron de cerca esa demostración de amistad. Dos muslos nerviosos se adhirieron estrechamente a la piel viscosa del monstruo, como dos sanguijuelas [*giggles*, lo siento, nunca podré pensar en sanguijuelas sin recordar a Gendry y las Cincuenta Sombras de Melisandre] ; y los brazos y las aletas entrelazadas alrededor del cuerpo del objeto amado que rodeaban con amor, mientras sus gargantas y sus pechos no tardaron en formar únicamente una masa glauca con exhalaciones  de fuco; en medio de la tempestad que seguía recrudeciéndose; a la luz de los relámpagos; teniendo por lecho de himeneo la ola espumosa, arrastrados por una corrientes submarina como en una cuna y rodando sobre sí mismos hacia las desconocidas profundidades del abismo, ¡se unieron en una larga, casta y horrenda cópula!.. ¡Por fin acababa de encontrar alguien que se me parecía!.. [Sí, una tiburona asesina, a love story] ¡En adelante ya no estaba solo en la vida!.. ¡Ella tenía las mismas ideas que yo!.. ¡Me encontraba frente a mi primer amor!

Los Cantos de Maldoror, Conde de Lautréamont

WTF! Digo, este libro ya había estado raro desde que se reproducía con una pioja y le cosían los ojos a alguien, pero esto fue demasiado desconcertante. Asumo que se trata de un simbolismo muy complejo para mi humilde entendimiento pero pa' todo hay límites, chavos. Ya si mencionamos que antes de conocer a su amor y meterse a fraternizar con los tiburones se entretenía rematando náufragos cuando estaban a punto de llegar a la playa pues la cosa se pone peor.

¿Qué rayos? Digo, lo voy a seguir leyendo, tengo todo el día sólo espero que no haya más romances asesinos entre diferentes especies. Hey, estoy a favor de todas las preferencias pero pongo mis límites en la zoofilia. ¡Los animales no son nuestros esclavos! Si quieren casarse con muñecas o coches está bien, no me importa, pero dejen a los animales en paz.

miércoles, 8 de marzo de 2017

Conteo

Empiezo a ponerme paranóica: ¿quién está leyendo esto? La idea de que mis descaradas confesiones lleguen a Monsieur LeGrand o Miss Lucas me aterra. Es que hoy me llamó, Miss Lucas, para decirme que básicamente soy una santa y está muy agradecida por mi terapia gratis. ¿Debería entrar en pánico? Tal vez, pero ya ni modo, esta cochina costumbre de escribir no se me quita. Creo que es el haber ido a terapia desde los trece años. Sí, mientras mis compañeritas se iniciaban en el fascinante mundo de la juventud yo me iniciaba en el fascinante mundo de los profesionales de la salud mental. 
Oh Dios. Estimado lector desconocido: si lo he ofendido en este blog le ofrezco una sincera disculpa y le aseguro que no era mi intención herir susceptibilidades, que es básicamente la razón por la que tengo que escribir la asquerosa verdad en alguna parte, para poder mantener la fachada de sabiduría y serenidad que me ha sido tan útil para sobrevivir el mundo laboral. Por otro lado, estoy loca y nadie debería hacerle caso a los locos, entonces el problema es usted.

O tal vez fue muy evidente el disgusto que me llevé ante lo inútil de mis intentos por sacar a una joven que bien podría haber sido yo, si no fuera una fóbica social que no soporta que la toquen, de una situación abusiva que pinta para convertirse en franca violencia. De cualquier forma hoy al fin intenté explicarle que yo ya no tengo su edad. Tengo 32 años, sí... 32. Lo único que quiero es tomar té, ir a mi casa temprano, rascarle la panza a mis perros y dormir. Oh, cómo quiero dormir. Ya de plano me apunté a otros tres masajes y dos faciales más del paquete que me regaló mi mamá,a medias, en mi cumpleaños, aunque tuviera que pagarlos yo. Es que necesito ese rato para descansar. No necesito comer, pero sí necesito echarme en la cómoda camita esa donde puedo permanecer en silencio durante una hora y media con sonidos de pájaros de fondo y agradable olor a lavanda y menta a mi alrededor. 

La edad pesa, ya no tengo veintitantos y eso le dije a Miss Lucas cuando me comentó que por alguna razón extraña que no comprendo le enseñó mi foto a un amigo de Mr. Collins y me propuso (sí, otra vez, Dios mío mátame) presentármelo sólo Dios sabe con qué pecaminosos fines. Decliné, por supuesto. Lo siento, pero no estoy para patear loncheras. Lo mismo le dije a mi mamá cuando me salió con algo parecido hace unas semanas, en este caso el hijo de una de sus amigas, aunque ahí debo culpar del todo a mi madre que me quita la edad con sus amigas para poder quitársela también ella y hacer que los números coincidan. Su amiga no sabe qué edad tengo y por supuesto yo no me puedo botar de risa y decirle: "Señora, disculpe usted, pero la han engañado y no estoy interesada en asaltar cunas. Gracias".

¿Por qué diablos me anuncian como novia rusa? ¡No lo sé! 
Aprecio la buena voluntad de Miss Lucas, digo, al menos su candidato era un especimen apreciable, un vikingo que desafortunadamente nació demasiado tarde para mí y no uno de los ejemplares que me ha querido presentar Mrs. Weston. El último parecía el hijo bastardo de un lanchero y un cantante de regueton albino. Se aprecia, pero paso. Ya sin mencionar que el hecho de "ser amigo de..." no sirve como recomendación, sino como advertencia. ¿Qué hay con las amigas y su disposición a contagiar sus males? Supongo que ellas no los consideran males, pero en lo personal yo me mantendría bien alejada de cualquier amigo de Mr. Collins o de Mr. Weston por el mero hecho de serlo. Uno es un ojete y el otro es un pendejo. 
El único contacto humano que necesito es el que incluya un masaje para arreglarme la espalda.

Por cierto, me duele la espalda y ya hice cita para seguir consumiendo mis masajes el viernes. Creo que dejé mi monedero en el spa y temo que se lo claven. Sería terrible si lo hicieran, ya no podría confiar en las señoritas amables del establecimiento. Sin mencionar que me gustaba mucho ese monedero y tiene la última estampita de San Lázaro que tomé de la imagen itinerante que pasa por la calle de Brasil, ofreciendo rosarios y consuelo a cambio de una módica limosna. Ay, cómo extraño el centro. Aquí sólo veo estudiantes todo el día y no me animan en lo más absoluto, al contrario, me causan malestar. Los veo jóvenes y llenos de ilusiones a sabiendas de que es cuestión de tiempo para que sean groseramente arrancados de su delirio y ubicados en la realidad. Como diría Frollo, en el Jorobado de Notre Dame de Disney: El mundo es cruel, el mundo es malo..."



martes, 7 de marzo de 2017

Estoy muy aburrida

Esto les va a sonar muy raro, pero es una buena pregunta: ¿Son o han sido en algún momento de sus vidas fieles creyentes?
No sé bien qué tiene qué ver, déjenme ver... bien. Regresaba a mi monótona oficina (aunque ahora que tengo un usuario/becario hasta parece que esto no está muerto, es rarísimo que alguien que no soy yo salga a dar direcciones o atender la puerta, sólo es raro y divertido), cuando dos señoras que obviamente eran Testigos de Jehová me dieron un panfleto. Ah, claro, Jesús cura a una mujer y escuchamos aquello de "tu fe te ha salvado". Nada que no supiera.
Me encantan los Testigos de Jehova y en general todos los hermanos disidentes, creen que al repartir pedazos de la Biblia por aquí y por allá nos están contando algo asombroso y secreto que nadie conocía. Sí, gracias, pero desde la traducción de Lutero ya tenemos acceso, todos los pobres mortales no ordenados, a la palabra de Dios. Se llama "libre examen". En lo personal, nada más he leído el Antiguo Testamento y fragmentos del Nuevo. El primero porque una monja me quitó mi libro (una novela naca de Sanborns seguramente o algo que le robé a mi hermana) y me dijo que no podía estar leyendo eso en clase, cuando le pregunté qué debía estar leyendo entonces me dijo que la Biblia. ¿A poco no se pone peligrosa la cosa? Le pregunté si podía leer el Apocalipsis. Lo único que sabía del Apocalipsis (porque aunque mi mamá intentó llevarme a "la misa de los niños" los domingos, mi papá jamás dejó de recordarnos que "esos pinches curas son... etc.,") venía de una película de Demi Moore que no recuerdo pero que tenía algo que ver con el fin del mundo. La monja me dijo que no, que eso "no era para niños" y me dejó leer lo que quisiera de la Biblia que no fuera eso... bien, me eché el Antiguo Testamento, que déjenme decirles que es mucho peor que el Apocalipsis que a lo sumo tiene violencia alegórica y una ramera de Babilonia sobre algún tipo de bestia de numerosas cabezas. 

Pero ese no es el punto, lo importante es que siempre me ha llamado la atención que no comprendiera el factor doctrinal más importante de toda la noción religiosa hasta la universidad. Sí, recuerdo que en clase de Biblia y Moral siempre nos ponían a buscarle solución a las parábolas. Y ahí está la parábola de los talentos y la semilla de ¿qué era? ¡Mostaza! ¿O era un arbusto de mostaza? A todo esto ni siquiera sé de dónde sale la mostaza. Y ahí tienen a uno perdido durante su primera juventud vacilando entre la creencia, la afirmación y la decepción por no haberse sentido importante al confesarse antes de la primera comunión porque en mi imaginación todo el catecismo sería una experiencia mística y mágica en la que usaría mantilla y se me advertiría el peligro del poder de Dios como se debe, no sólo una pinche clase una hora antes de entrar a la escuela donde básicamente repetiría las oraciones básicas una y otra vez. ¡Qué pinche decepción!
También hubo un periodo en el que quise aspirar a la santidad, pero era una muy mala persona desde niña y lo sabía. Los niños no son tontos y yo supe que no era material de santidad desde que me recitaron la vida de Santa Teresita. 
Lo importante, al final, recae en una sola cosa: ¡la fe!
Todo se trata de la fe y no lo digo porque Lutero todavía me tenga hipnotizada con la justificación por la fe y el peca fortirer, sed fortius fide? Si está mal escrito luego lo arreglo. No, hay algo muy particular con la fe. 
¿Han tenido fe en una persona? No en Dios, aunque el principio es el mismo porque se basa en evidencia. Está bien, el creer ciegamente en algo o alguien, te da una capacidad inmediata de aceptación de hechos que de otra forma podrías y sabes que deberías negar, sin necesidad de autoconvencimiento. Sí, es como cuando depositas tu fe, de manera sistemática desde tu nacimiento, en un lugar, puede pasarle un huracán encima y sin embargo, no podrás renunciar a él. Puedes estar caminando sobre los escombros, pero ese sagrado recinto está en pie y nada ni nadie, ni siquiera los quejidos de los trozos que vas rompiendo a cada paso te puede convencer de que no está ahí. ¿Por qué es diferente tener fe a creer? Porque el creer en algo se basa en evidencia y argumentos, en cambio, la fe se basa en ir en contra de las evidencias y los argumentos.
Por eso, por eso está cabrón cuando pierdes la fe en Dios... o en cualquiera.

Una vez que pierdes la fe, ya no hay forma de reparación, que extrañamente funciona de manera inversa a la creencia. Y ahí está usted, en la puerta de la pubertad y atravesando las primeras manifestaciones de una depresión cabrona que nunca se le quitará. ¿Qué se hace? Examinar las evidencias y decidir, que no puede haber Dios por lo que se piensa que se ha dejado de creer en él... ¡pero aguas!, porque a la primera señal de peligro, no sólo será la adrenalina la que lo asalte, también será la fe, que sale de un lugar misterioso para decirte "vas a estar bien", "estás caminando sola por un callejón oscuro pero Dios te cuida y vas a estar bien" y rezas. Ahí es donde sale asquerosamente delatado el hecho de que se conserva la fe, cuando escupes el Padre Nuestro antes que el instinto de correr. Finalmente, se pasa la edad más fastidiosa y se acepta la fe como algo presente que a pesar de todo se sostiene y se comienza a vivir con ello, se dicen las oraciones de forma más privada, se para uno en la iglesia cuando nadie está viendo, especialmente a media hora de distancia del hogar, a dos calles de la casa de su psiquiatra y sobre todo, se evita a toda costa el santuario donde la fe (sí, la misma que escupe el Padre Nuestro) te asegura, sin necesidad de prueba alguna, que es habitado por el diablo. 

¡Ah, qué bonito! Cómo me gusta hablar de cosas religiosas. También me gusta confirmar que no he perdido la fe en Dios, nunca lo hice, ni siquiera cuando me lo cuestionaba seriamente aunque yo creyera que sí. Uno se engaña. La duda no significa ruptura, al contrario, si se duda y concluyes que todo apunta a la culpabilidad de un hombres al que absuelves de todos modos, eso sólo se llama fe... y por eso, cuando se destruye la fe, no hay forma de recuperar la confianza en cualquier afirmación de la fuente rota. Pueden afirmarte lo más evidente, lo que tienes enfrente, algo que ves y puedes tocar, como Santo Tomás, pero no lo creerás y es como si el tinte de la falsedad cubriera todo, como el olor a coladera. 

Por la misma razón, cuando el receptáculo de esa firme convicción hace algo para delatar la mentira en la que has vivido, el daño no es para él (o tal vez sí, aunque él nunca llegue a comprender lo que ha hecho), no, el que ha sido mutilado es el que ha visto su fe defraudada y en consecuencia pierde la capacidad automática de afirmar. Ahí sí, se pueden aportar todas las pruebas posibles a favor de una afirmación que a falta de fe no se creerá. Es imposible. En ese momento es cuando entra el enojo, no la furia vestida de indignación que sale disparada como fuegos artificiales y eventualmente se calma con la misma velocidad con la que se encendió, no, hablamos de un enojo pasivo y profundo que te carcome y te quita la alegría de no sentirte del todo solo. ¿CÓMO PUDISTE? Se quisiera gritar, pero la manifestación de la ira ante el engaño no puede manifestarse porque no tiene sentido. ¿Para qué? Nada que se diga puede reparar la fe y es así como la protección de este ser omnipresente para el que significas el cordero más preciado de su rebaño desaparece y te quedas solo. 
El enojo se convierte en amargura y después en vacío. Te quitaron una gran parte de lo que solías ser. Ah, pero fue culpa del pendejo que se la creyó desde un principio. Claro que sí y de ahí viene la autorecriminación por ser tan estúpido y del enojo con otra persona se pasa al autodesprecio. 

¿CÓMO?
Ah, pues muy fácil, las evidencia estaban ahí pero uno, movido por la fe, se aventó de precipicios para negar la fuerza de gravedad. ¡Pues claro! 

El resultado, es una persona hecha mierda sobre las rocas y un montón de gente que no sabe en qué diablos estaba pensando. Bueno, yo tampoco lo sé.