martes, 17 de enero de 2017

No lo vuelvo a hacer

Por favor, no me pregunten cómo diablos llegué hasta aquí... pero tengo una teoría sobre el siguiente video de Westlife:




Creo que he descifrado la ruta que tomaron estos jóvenes. Partimos de que al pendejo de la playera negra le pusieron los cuernos, bien, lo que haría cualquier amigo que se precie de serlo es subirse en el primer convertible rentado y/o robado que encuentre e ir a recoger al desdichado, que asumo que se bajó del metro en la estación del Zócalo, en la esquina de la catedral y por eso daba vueltas alrededor de la bandera, ya saben, pa' que lo vieran. Total que se bajan sus brothers y le dicen "¿ves, pendejo? ¡Te lo dijimos!", pero ya para no hacerlo sentir mal se lo cruzan y agarran camino rumbo a Donceles, la que recorren enterita pasando frente a las librerías de viejo sin entrar, porque aceptémoslo, si acostumbrara usar su tiempo libre para leer jamás le habrían visto la cara de pendejo tan fácil. 
 Ya llegando al teatro Esperanza Iris notaron la existencia de una pequeña cantina cruzando la antigua Cámara de Diputados, si, justo a un ladito. Al entrar se encontraron con una mesera muy simpática, una señora de cabello negro azabache, labios rojos y atuendo ajustado color negro combinado con animal print que les dijo "adelante chicos, ¿qué les sirvo?" Ordenaron varias XX y otras Bohemias más, depositando cinco pesos en la maquinita de música donde encontraron variedad de canciones de angustia, dolor y revancha, aunque al final se gastaron el cambio que traían en los Babasónicos porque son güeros y su bagaje de música folclórica es limitada, pero no se los digan porque se ofenden. Les ofrecieron el guisado del día y se empacaron unas cuantas flautas de papa con algo de consomé que estaba inmundo, pero barato, hasta que estaban suficientemente borrachos como para perderse la pena y abrazarse, como hermanos. 

Se subieron al metro en Allende y se bajaron en Cuatro Caminos, donde agarraron un camión rumbo a Satélite, aunque no supieron atinarle a uno que los dejara cerca de Plaza, entonces se bajaron en Periférico donde para su alegría encontraron "La Polar" y total que se metieron a oír mariachis y pedir toda variedad de licores (derechos y secos, por favor), hasta bien entrada la mañana cuando en un arranque de ebriedad decidieron irse caminando hasta las Torres a las que llegaron después de cruzarse el periférico irresponsablemente.  Ahí en las Torres se pusieron a cantar otra vez hasta que dieron las ocho de la mañana y se empezó a llenar el periférico, aprovechando el embotellamiento se cruzaron y con el peligro de una patrulla cerca se siguieron caminando frente al antiguo Teatro Las Torres, hoy convertido en World Trade Center mexiquense y se comieron una paleta para ver si así se bajaban la borrachera aunque después de pagar un dineral en mariachis en La Polar, con trabajos y traían para los camiones de regreso al centro y mucho menos para el metro. ¿Qué hacían? 
Después de algunos momentos de deliberación caminaron hasta la esquina del Sucre, el que rodearon hasta descubrir que en un descuido las monjas habían dejado abierta la cochera que da al kinder y más importante: ¡la preparatoria! Se metieron con cuidado y subieron a los salones donde encontraron a un significativo número de jovencitas en faldas azul marino y suéter rojo que los veían con curiosidad, porque güeros no se ven todos los días y mucho menos afuera de su salón de clases. Aprovechando el recreo les pidieron su atención para exponerles su tragedia y pedirles una módica cooperación para el camino de regreso. Finalmente, juntaron una buena cantidad, suficiente para los pasajes que los llevaran de regreso al metro antes de que una monja en falda recta color café y blusa color beige abotonada hasta el cuello con una hilera de esos botones pequeñitos en forma de media perla los invitara a largarse "como los engendros de Satanás" que eran.
Corrieron...

Una vez en Cuatro Caminos comenzaron a sentir los estragos de la cruda, y en algún punto uno de ellos decidió que el movimiento le estaba dando náuseas y le dijo a sus compañeros "me tengo que bajar, cabrones, me tengo que bajar" y fue así que se pararon en Revolución y como no sabían a dónde ir confundieron un hotel al que creyeron que podrían entrar al menos al baño con una torre de oficinas. Subieron por las escaleras sin poder abrir ninguna puerta hasta que llegaron a la azotea y se encontraron con una puta pista de helicópteros. ¿DE DÓNDE CHINGADOS IBAN A SACAR UN HELICÓPTERO?  "Ya ni pedo", pensaron y se pusieron a cantar en la pista porque lo volvieron a hacer, a pesar de que la última vez que agarraron la borrachera se prometieron, al siguiente día, que no lo volverían a hacer, porque eso sí, no hay borracho que no sea valiente ni crudo que no sea humilde.

Me gusta pensar que eso es lo que pasó en el video porque de otra forma no me lo explico. 


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