lunes, 3 de julio de 2017

Soy de titanio!

Bien, después de tomar un vuelo de dos horas, un ride de otras dos horas hasta un pueblo pesquero y un ferry de media hora para llegar a la isla más lejana que logré encontrar con ayuda de internet, lo pensé, pasé casi todo el día metida en el mar (con excepción de las horas dedicadas a dos novelas chafas pero entretenidas y un montón de cervezas) y me armé de valor para soltar el discurso necesario, despreciable y censurable, pero necesario: "Seamos amigos, eres el único que tengo".

Con ese problema despejado, ya podemos dedicarnos a lo importante, ya saben, a lo que nos hace felices, no los planes de venganza en contra de la humanidad que se purgan fastidiando a un buen hombre, es que de veras es bueno, no merece que nadie juegue con él. 

Alguna vez creí que nunca disfrutaría más un programa de televisión que Arrested Development, de hecho, el que Netflix lo renovara para una temporada más fue la única razón por la que lo contraté en un principio, pero he descubierto algo maravilloso que me ha hecho increíblemente feliz: Unbreakable Kimmy Schmidt! Ya me terminé todos los capítulos disponibles, es que el hotel no tenía tele y el día es muy largo para nadar todo el tiempo.


Ha sido un viaje maravilloso. No les voy a mentir, por un día o dos me tomé en serio el mudarme a Holbox, pensé en mi primo que vivió en Tulum un buen rato, consiguió trabajo y se las arregló solo, sin ayuda, entonces, en un arranque de valor dije, "damn, nada me ata a ningún lado, podría dar clases en la única secundaria o preparatoria de este lugar y regresar a mi casita maya al terminar el día a abanicarme frente a la puerta abierta y salir a pasear a mis hijos al amanecer". Los podía ver retroceder aterrorizados de la orilla del mar, una larga línea de conchitas y pedazos de caracoles, hasta que se acostumbraran al agua y el calor los convenciera de mojarse un poco, como el resto de los perros del lugar. ¡Era perfecto! Una especie de paraíso sin mezquindad ni presión ni rechazo injustificado a los padres consagrados a sus perrihijos. Vaya, mi hotel permitía perros, hasta tenían su propio bar con un par de tapetes y grandes platos de agua, claro, supongo que estaban pensando en perros extranjeros educados y elegantes, no la banda de criminales que tengo.

Hubo ataques de pánico, no lo voy a negar, pero flotando en el mar, con la cabeza apenas sobre el agua, era muy feliz. Detesto quedarme en la playa, en verdad nunca entenderé por qué la gente pasa el tiempo echada en la playa, tostándose en la arena. ¡El mar está enfrente, imbéciles! ¿Quién en su sano juicio prefiere tostarse, llenarse de arena y ser devorado por los mosquitos en la playa cuando enfrente está el mar? Sí, aunque las playas sean de arenas blanca y perfecta,  no lo entiendo.

Al final, después de pedir informes en unos tres... o cuatro lugares, descubrí que el encontrar hospedaje era demasiado caro pa' mí, es decir, si quería encontrar un lugar dónde mudar a mis hijos, sin mencionar que mi búsqueda de empleo tampoco fue satisfactoria. Extrañaba demasiado a mis perros, ni siquiera podía dormir bien, tuve que ponerme un cojín en el estómago y uno sobre los muslos para equilibrar el peso que suelen significar Mina y el chaparrito dormidos para conciliar el sueño. No puedo estar sin ellos. 

En algún momento tenía que regresar y el tener a mis hijos en brazos (o una sentada sobre mi garganta mientras otro me ladra y alguno me muerde como si fuera una carnaza) me recordó que mi lugar está con ellos. No me iré, no si no puedo llevarlos conmigo, son todo lo que tengo y todo lo que quiero. Sí, cuatro perros, una encontrada en el estacionamiento de un Superama, uno salido del terreno baldío de al lado, otra rescatada de la basura y uno chiquito comprado con defecto genético y sarna en +Kota. Todos somos pequeños monstruos anormales y así seremos felices.

We are the underdogs!

Y nadie va a cambiar eso.

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